martes, 20 de diciembre de 2016

Misas de Gozos, de Aguinaldos, de la Virgen: cinco siglos de patrimonio religioso inmaterial en la Diócesis de Guadix



Artículo de Pablo Rodríguez Cantos, párroco de Diezma

Existe en la Diócesis de Guadix y en la hermana Diócesis de Granada un fenómeno religioso y cultural que, según creo, no es demasiado conocido, y que comienza a celebrarse en estos días previos a la Navidad.  El fenómeno recibe distintos nombres que dependen del pueblo o de la zona: Misas de Gozos, Misas de la Virgen, Misas de la Madre de Dios, Misas de Aguinaldos (o popularmente “aguilandos”)...


Consiste este fenómeno en un conjunto de cantos de aire popular y temática eucarística y navideña que se interpretan durante la celebración de la misa los días previos a la Navidad en ciertas parroquias de la provincia de Granada; constituyen una especie de novena prenavideña, que comienza (con variaciones de un pueblo a otro) entre el día de Santa Lucía y el 17 de Diciembre.  La interpretación suele involucrar un pequeño grupo instrumental similar a la rondalla (guitarras, bandurrias, incluso castañuelas, pandereta y algún violín) que acompaña a las voces.  Los textos que se cantan hacen comentarios o explicaciones acerca de las acciones que realizan el sacerdote o los fieles durante la celebración eucarística, aunque también incluyen elementos del ciclo de los villancicos navideños.  Como es propio de la música y la poesía populares, los textos y melodías conocen variantes notables entre los distintos pueblos, así como versiones totalmente dispares que constituyen manifestaciones genuinas de ciertas localidades.

Como primer ejemplo, enlazo un vídeo de la cuadrilla de ánimas de Galera donde se interpreta el canto final que acompaña la despedida “Ite missa est” al acabar la misa:


Cuando el santo sacerdote

dice “Ite missa est”

los ángeles en el cielo

dicen “Deo gratias, amen”.



En este ejemplo ya puede apreciarse el elemento más distintivo de estas misas: se trata de textos que explican el significado de los distintos elementos de la celebración eucarística. 

Jesús María García Rodríguez en su artículo “La Misa de los Gozos de Galera.  Una aproximación a sus características” (boletín del Centro de Estudios “Pedro Suárez”, Granada 1998 (11), pp. 119-136) afirma que estos textos son “moniciones cantadas” que aclaraban al pueblo cristiano los Sagrados Misterios que el sacerdote celebraba, según el rito antiguo, en la ya desconocida para ellos lengua latina.  Así, este otro ejemplo que sigue informa acerca de la conexión entre nuestra liturgia terrenal y la gran alabanza a Dios que se celebra eternamente en el cielo, conexión que se da durante la celebración de la misa:

Cuando el santo sacerdote

dice “Santo, Santo, Santo”

los ángeles en el cielo

entonan el mismo canto.

O la bellísima estrofa siguiente, que afirma la presencia real de Cristo, en su Misterio Pascual, en el pan y el vino consagrados (todos los ejemplos de esta lista, salvo que se indique lo contrario, se dan en la versión de Galera):

Son las especies tan finas

que en el cáliz están puestas

Cristo con la cruz a cuestas

y coronado de espinas.

Estrofas como las mencionadas recogen, en efecto, la temática fundamental de estos cantos que acompañan, a modo de “subtítulos”, las acciones del sacerdote o ciertos elementos significativos de la celebración eucarística.  Llegan incluso a extenderse más allá (antes y después) de la misma celebración.  Hay una estrofa, por ejemplo, que se canta mientras el sacerdote está ultimando su propia preparación en la sacristía, momentos antes de salir al presbiterio:

Sacerdote revestido:

mira cómo te dispones,

que ha de bajar a tus manos

Jesucristo Dios y Hombre.



Y esta otra sirve como despedida para salir de la iglesia (antiguamente se celebraba invariablemente con las primeras luces del día para no faltar al estricto precepto del ayuno eucarístico; hoy estas misas se celebran por la tarde):



Ya se ha acabado la misa

y el sacerdote se va,

y la gente de la iglesia

los buenos días se da.


La siguiente estrofa tiene la misma función que nuestro actual canto de entrada o el antiguo introitus de la misa:

De la sacristía sale

el sacerdote bendito;

para celebrar la misa

saca cáliz, pan y vino.


También hablan los textos acerca de diversos objetos o lugares propios de la celebración.  Algunas veces se trata de elementos esenciales, como el altar en esta estrofa conservada en Huéneja y  Huélago:

El altar ya preparado

con las velas, ara y cruz

el Monte Calvario es

donde padeció Jesús.

Otras veces se detienen en elementos puramente anecdóticos, desplegando una fecunda fantasía simbólica, como en este ejemplo de Orce:

Cuando mudan el misal

en tu Pasión contemplamos

cuando fuiste, Jesús mío,

desde Herodes a Pilatos.

En todo caso, es evidentemente reconocible una mano culta, bien instruida en Sagrada Teología y diestra haciendo versos, detrás de estrofas como la siguiente, que tratan acerca de la dimensión ontológica del ministerio ordenado:



Ya sale el pastor divino

vestido de humanidad.

Representa a Jesucristo

que a decir la misa va.

En el siguiente enlace se puede escuchar completo el repertorio de cantos que se conserva en Galera, en una grabación efectuada en 2009 por Radio María: https://www.youtube.com/watch?v=GW7uZK1K-8I

El mismo autor, García Rodríguez, en la obra citada (cf. p. 128) ofrece una tipología de los cantos propios de estas misas:

1) Las coplas de la misa.  Son las estrofas que narran y explican lo que acontece en cada momento de la celebración eucarística.  Constituyen el núcleo fundamental y originario del fenómeno que nos ocupa.  Los ejemplos anteriores ilustran bien esta categoría.

2) Los gozos o coplas de la Virgen.   Estrofas centradas en la figura de María, acompañada a veces por Jesús y José.  Como ejemplos, la estrofa inicial de Galera

En el nombre de Jesús

y de la Virgen María

voy a cantar estos gozos

con contento y alegría.



Ángeles del cielo,

dadme vuestra voz

para que yo pueda

alabar a Dios.

o esta otra, equivalente, de La Peza:

Todo el que quisiere ver

a la Virgen soberana

venga a este sagrado templo

a las seis de la mañana.



A las seis de la mañana,

digamos con alegría:

por siempre sean alabados

Jesús, José y María.

3) Copla de la aurora.  Fenómeno específico de Galera, relacionado con la Hermandad del Rosario, que no es objeto de este trabajo.

4) Los aguilandos o aguinaldos.  Villancicos de tema navideño asociados con posterioridad como estribillos que acompañan las coplas de la misa.

Una hipótesis sobre su origen: la evangelización del Reino de Granada

El origen de este repertorio de “coplas de la misa” parece estar relacionado, como ya ha sugerido García Rodríguez en el artículo citado, con la situación social y religiosa que se vivió en el recién reconquistado Reino de Granada durante el siglo XVI: una importante población morisca que, a pesar de las conversiones más o menos forzosas, seguían manteniendo sus creencias islámicas y carecían de una formación cristiana profunda; una liturgia misteriosa celebrada en una lengua que ni moriscos ni cristianos viejos (ni siquiera muchos sacerdotes) podían entender; y un clima religioso agitado desde el extranjero por la Reforma Protestante que había negado verdades fundamentales de la fe católica, y que el Concilio de Trento tuvo que reafirmar solemnemente (como las relacionadas con el Sacramento de la Eucaristía).  Toda esta problemática de instrucción del pueblo que asistía a la incomprensible celebración eucarística parece estar recogida en textos como los que hemos citado: explicación de la Liturgia y de la doctrina, y afirmación de verdades de la Fe Católica, especialmente aquellas sobre la Eucaristía y la figura de la Virgen.

Es muy probable, pues, que estas Misas de Gozos sean una herramienta con la que se intentó llevar a cabo la evangelización de los nuevos cristianos del Reino de Granada durante el siglo XVI.  Hay un importante documento, el Sínodo celebrado en Guadix en 1554, siendo obispo accitano Martín de Ayala, que aunque no llega a recoger iniciativas concretas en este sentido, sí que contiene instrucciones como ésta, dirigida a los sacristanes de las iglesias de la diócesis:

Han de tener cargo de mostrar las ceremonias de la misa a los nuevamente convertidos, y la doctrina a los niños según y por Nos está estatuido y declarado (Martín de Ayala, Sínodo de la Diócesis de Guadix y de Baza, fol. XLIII vto.; transcripción mía a partir de la ed. facsímil, Universidad de Granada, 1994).

Asimismo:

Han de mostrar a los niños y niñas que vieren bien inclinados a cantar en la misa, la Gloria, Credo y Kyries, Sanctus y Agnus de la misa, especial de la de Nuestra Señora, y las letanías o Te Deum laudamus para las procesiones cuando salieren los niños o a recibir el Prelado cuando visita, y otras cosas buenas y devotas que les parezca al propósito de algunas fiestas en la lengua castellana, porque Nos les mandaremos dar alguna recompensa a los que así trabajaren (íd. fol. XLIII vto. -  XLIIII).

A partir de disposiciones como éstas, no es difícil imaginar que los sacristanes de la época recurriesen a esta colección de textos, elaborados en algún lugar del Reino y difundidos después, para cumplir este encargo de instruir a los nuevos cristianos empleando todo el poder de la poesía y la música.  Algo parecido había ocurrido por entonces en Granada cuando el primer arzobispo que ocupó la sede granadina tras la Reconquista, Fray Hernando de Talavera, autorizó y promovió la interpretación de los villancios en lengua vulgar durante los maitines de Navidad, dando origen así a una tradición litúrgica y musical que alcanzó gran desarrollo en toda la Península y que tuvo importancia fundamental en la historia de nuestra música religiosa.  Las Misas de los Gozos podrían ser algo así como la versión popular de los cultos villancicos: frente al elaborado contrapunto de los villancicos polifónicos renacentistas y al complejo lenguaje orquestal y coral que alcanzaron los villancicos barrocos, las Misas de los Gozos se movieron siempre en un sencillo canto popular acompañado por instrumentos del pueblo.

En este punto Granada y Guadix parecen haberse anticipado, a su modo, a lo que dispuso poco después el Concilio de Trento acerca del uso de la lengua vulgar en la celebración litúrgica:

Aun cuando la Misa contiene una grande instrucción del pueblo fiel, no ha parecido, sin embargo, a los Padres que conviniera celebrarla de ordinario en lengua vulgar [Can. 9].  Por eso, mantenido en todas partes el rito antiguo de cada Iglesia y aprobado por la Santa Iglesia Romana, madre y maestra de todas las Iglesias, a fin de que las ovejas de Cristo no sufran hambre ni los pequeñuelos pidan pan y no haya quien se lo parta [cf. Lam. 4, 4], manda el santo Concilio a los pastores y a cada uno de los que tienen cura de almas, que frecuentemente, durante la celebración de las Misas, por sí o por otro, expongan algo de lo que en la Misa se lee, y entre otras cosas, declaren algún misterio de este santísimo sacrificio, señaladamente los domingos y días festivos (DH 946; Concilio de Trento, Sesión XXII de 17 de Septiembre de 1562, cap. 8).

Existe una referencia a las “misas de aguinaldo” más allá de las fronteras del Reino de Granada por la misma época que nos proporciona el musicólogo Pepe Rey:

Incluso un siglo más tarde las constituciones sinodales de Sevilla de 1586 -la catedral ya no se menciona- reflejan el hecho de que en algunos lugares aún ocurren cosas extrañas:


“Por obviar a los abusos y inconvenientes que ay en el dezir de las missas que llaman de aguinaldo, que se dizen algunos días antes de Navidad, mandamos que de aquí delante no se digan las dichas missas antes que sea de día claro, ni se abran las puertas de las iglesias en aquellos días hasta entonces [...]” (P. Rey, Weaving ensaladas, en T. Knighton & A. Torrente (ed.), Devotional Music in the Iberian World 1450-1800.  The Villancico and Relates Genres, Burlington [Vermont, USA] 2007, p. 19).

Lamentablemente las constituciones citadas no detallan en qué consisten esos abusos asociados a las “misas de aguinaldos”, por lo que no podemos saber si se trata del mismo fenómeno que aquí presentamos, aunque la coincidencia de nombres y fechas (algunos días antes de Navidad) sugiere que estamos ante manifestaciones, si no idénticas, al menos muy similares y emparentadas.

Volviendo a Guadix, unas décadas más tarde encontramos un nuevo Sínodo diocesano en 1622, siendo obispo Fray Plácido de Tosantos y Medina, que vuelve a disponer que

...los curas por sus personas, o estando impedidos, por otro que tenga Nuestra licencia, declaren el Evangelio, o algún artículo de la Fe, o mandamiento, todos los Domingos y fiestas de guardar, o digan el texto de la Doctrina Cristiana en alta voz con declaración de algún punto como lo manda el Santo Concilio de Trento (Constitución 2ª, en L. Gómez Amezcua y M. Jaramillo Cervilla, Un documento inédito sobre el Sínodo Diocesano de Guadix de 1622,  Boletín del Centro de Estudios “Pedro Suárez”, Guadix 2006 (19), p. 224)

Esta colección de textos, de los que hemos citado sólo unos pocos, constituye el núcleo fundamental de los textos de las Misas de Gozos, o de Aguinaldos, o de la Virgen, y se conservan (o en algunos casos se han perdido), con notables variantes y lagunas, en distintos pueblos de nuestra diócesis, de la Alpujarra granadina y del Valle de Lecrín; es decir, el corazón del antiguo Reino de Granada: Orce, Galera, Almaciles, Castril, Húescar, Venta Quemada, Gor, La Peza, Huélago, Huéneja, Alcudia de Guadix, Dólar, Ferreira, Aldeire, Jérez del Marquesado, Cogollos de Guadix, Lanteira, Bérchules, Juviles, Pampaneira, Tímar, Trevélez, Torvizcón, Turón, Cádiar, Pórtugos, Melegís, Nigüelas... y probablemente también en muchos otros.  Tengo noticia de que incluso en zonas tan lejanas como la Serranía de Ronda existen todavía en algunos lugares unas misas mañaneras “de aguinaldos” en los mismos días, aunque no se trata ya de los mismos textos ni músicas.  En definitiva: también la distribución geográfica, hasta donde yo conozco, apunta a lo que fue el último reducto del Reino de Granada.

Para el conocimiento de este patrimonio poético y musical son indispensables los trabajos de folcloristas como Germán Tejerizo y Sixto Moreno Rebollo.  Por mi parte, he de agradecer la colaboración generosa y desinteresadas de distintos sacerdotes de nuestra diócesis que, en el último año, me han facilitado textos e informaciones de este fenómeno en sus parroquias, e incluso me han permitido conocerlo en vivo durante las actuales celebraciones.

Un elemento muy característico de estas misas es su progresiva vinculación a las Hermandades de Ánimas, tan extendidas en el pasado por nuestros pueblos.  Quizá se deba a ellas el enriquecimiento de este núcleo textual y musical primitivo con otras composiciones diversas que, con el correr del tiempo, quedaron asimiladas al mismo fenómeno.

Se trata de nuevas estrofas de temática específica de estas tradiciones de ánimas, como ésta que se conserva en Galera:

Por las ánimas benditas

todos debemos rogar;

que Dios las saque de penas

y las lleve a descansar.

Y, cómo no, siendo las fechas que son, se incorporó el tema navideño (o prenavideño).  La práctica más frecuente es combinar en una misma canción una estrofa del núcleo original (de las “coplas de la misa”) con un estribillo de tipo navideño.  Así, por ejemplo, en La Peza la ya citada estrofa Son las especies tan finas se acompaña, en las Misas de la Virgen (que así las llaman allí) con uno de los villancicos navideños tradicionales de las tierras granadinas, como es Cantaremos, bailaremos:

Son las especies tan finas

que en el cáliz están puestas

Cristo con la cruz a cuestas

y la corona de espinas.



Cantaremos, bailaremos

en obsequio al Dios de Israel.

Viva, viva la Virgen María

y su esposo, Señor San José.

Adoremos todos a ese Niño

que va a nacer muy pronto en Belén.



O en Huéneja:

Con el paño y la patena

el cáliz ya está cubierto;

significa aquella losa

que en el sepulcro pusieron.



Vamos pastores

con alegría,

que va a nacer

nuestro Mesías.


El caso de La Peza es, en este sentido, muy notable.  Si en Orce y Galera se conserva con marcada integridad el corpus textual primitivo (con los únicos añadidos de los estribillos y los cantos de ánimas), en La Peza la considerable pérdida de los textos originales se ve en cierto modo subsanada con una gran profusión de villancicos navideños como estribillo, o incluso villancicos que los sustituyen por completo.  Así ocurre con un precioso villancico, cuyo texto nos recuerda la poesía de Góngora o de Lope de Vega, que actualmente se canta algunos días durante la presentación de los dones de la misa:

Clavel, lirio y azucena

formaron una contienda

para llegar a Belén

donde está el Rey de la tierra.



El lirio, el más hermoso;

más blanca la azucena;

el clavel es quien vence,

y la rosa, la reina.



Benditas las flores

que al Niño le llevan:

el clavel, la rosa,

lirio y azucena.

( https://www.youtube.com/watch?v=qTasGFD-b9o )

La música: villancicos, fandangos, recitados... y hasta una polca

La música de estos cantos es de procedencia popular, como no podía ser de otro modo.  Normalmente el conjunto de coplas de la misa se canta con una o dos tonadas, que son versiones o variaciones de una conocida melodía navideña con aire de elegante fandango, Pastores venid, recogida ya por Manuel de Falla hacia 1903-1904 como primero de sus Cantares de Nochebuena (A. Gallego (ed.), Manuel de Falla. Cantares de Nochebuena, Madrid 1992).  Son comunes las diferencias entre los distintos pueblos.  Así, por ejemplo, la citada melodía con la que se canta la estrofa En el portal del Belén / hay estrellas, sol y luna de Pastores, venid, y que se conserva en Galera, aparece en La Peza en una versión transportada a la tercera superior con notables variantes.

El caso de La Peza resulta, de nuevo, especialmente interesante en lo musical, de modo que las estrofas del corpus antiguo y los villancicos populares son, hasta cierto punto, intercambiables o combinables a placer: textos que pueden cantarse con distintas melodías, o melodías que se aplican convenientemente a diversas letras; de forma que, según el tono con que comiencen los instrumentistas, a la estrofa antigua le corresponderá uno u otro estribillo con su propia música.  Es la técnica que en Música se llama “melodía tipo”, y que se ha usado en el canto litúrgico occidental al menos desde la época del Gregoriano (c. siglo IX-X), y que se da también en la música popular profana.  La cima de esta evolución musical puede ser una alegre y saltarina polca instrumental que se ejecuta en La Peza todos los días al final de la misa, tras la estrofa

Ya ha terminado la misa

y el sacerdote se va

y la gente de la iglesia

los buenos días se da.

La polca, como es sabido, es una danza que surgió en Bohemia hacia 1830, y que se extendió por toda Europa como pieza de salón durante el siglo XIX; fechas que nos dan una idea del grado de evolución e influencias que han llegado a experimentar estas misas a lo largo de los siglos.  De hecho hoy en día uno de los mayores peligros que corre este patrimonio cultural y religioso es, junto a la desaparición, la contaminación; contaminación, si ya existente en siglos pasados, hoy mucho más preocupante dado el carácter globalizado de nuestro mundo actual.

La variedad musical de los cantos de La Peza (pueblo que conozco bien por mi servicio sacerdotal en su parroquia durante varios años) es realmente sorprendente.  La copla Cinco palabras ha dicho se entona allí con una especie de recitativo de ritmo no medido, discretamente melismático, acompañado por un fondo musical continuo, casi una extática recreación del canto llano, que desemboca en una modulación realmente abrupta al tono de la dominante, y que enlaza con el villancico del estribillo, éste ya con un ritmo ternario que combina los compases 6/8 y 3/4, aunque no al modo habitual de la hemiola:

(recitativo) Cinco palabras ha dicho

el ministro del Señor

que a sus manos ha bajado

Jesucristo Redentor.



(a tempo, 6/8) Ven conmigo, pastorcillo,

que Jesús llorando está.

Yo le (3/4) canto, tú le tocas

y él (6/8) dormido quedará.

Al servicio de la liturgia antigua en la liturgia de hoy

Termino mi breve presentación de estas misas, de este valioso patrimonio religioso y musical de nuestra tierra, con una consideración acerca de su valor litúrgico en la actualidad.  El modo tradicional de interpretar estas misas era el siguiente: mientras el sacerdote oficiaba, vuelto de espaldas a los fieles, en el altar, el pueblo (probablemente a indicaciones del atento sacristán) interpretaba, oportunamente, los cantos de forma simultánea a las palabras del presbítero.  Se producía, así, una verdadera escisión entre la misa “oficial” del sacerdote y esa otra “misa popular paralela”.  Esta fractura no es exclusiva de las Misas de Gozos, sino que fue algo habitual en la Liturgia anterior al Concilio Vaticano II, cuando era frecuente que durante la celebración eucarística los fieles se entregaran a diversas prácticas devocionales como el rezo del rosario o la lectura de misalitos o libros piadosos; devociones que se interrumpían, eso sí, durante el punto álgido que constituía el “momento de alzar” (la mostración, diríamos hoy, de la hostia recién consagrada).

El citado Sínodo accitano de 1554 contiene curiosos testimonios de este paradigma litúrgico antiguo en el que la participación del pueblo quedaba claramente subordinada a la parte del sacerdote hasta el punto de no poder con sus intervenciones habladas sobrepasar la voz del presidente, para no molestar a la misa del sacerdote:

Constitución XIII.  De lo que han de saber y decir los nuevos cristianos cuando están en misa.  [...]  Primero en decir la confesión general cuando el sacerdote la comienza en la misa, la cual dirán no tan larga como suelen (porque acaben con él), sino como de suyo se contiene en nuestro catecismo, con la cual se aparejen con humildad para asistir al santo misterio, acusándose por pecadores e indignos, diciéndola el sacristán, y haciéndosela decir a los susodichos en mediana voz, de manera que se entienda y no perturbe al sacerdote.  Y los días que hubiere Credo, en diciendo el sacerdote Credo in unum Deum, comiencen ellos Creo en Dios padre de la misma manera.  Y cuando alzare la viva y santa hostia, digan la oración que Nos les damos en la misma doctrina, y al cáliz lo mismo... (íd. fol. LIIII vto.; el folio siguiente contiene el conjunto completo de respuestas y oraciones en lengua castellana que tenía que pronunciar el pueblo en sus intervenciones, así como las posturas corporales que debía adoptar en cada momento de la celebración).

Aunque este texto no se refiere directamente a los textos y cantos que nos ocupan, no parece disparatado concebir las Misas de los Gozos como una realización concreta, en las fechas previas a la Navidad, de la participación del pueblo en la misa según lo pedía el Sínodo.

La Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II decretó en 1963 el final de este modo de celebrar la Liturgia de la Iglesia, pidiendo la participación plena, consciente y activa de todos los fieles (sacerdotes y laicos) en la única celebración del Pueblo de Dios (cf. SC 14), desempeñando cada uno todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas (SC 28).  Y en cuanto a la música para el culto, estableció que la música ha de estar íntimamente unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración o fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo la mayor solemnidad los ritos sagrados (cf. SC 112).  Con esta liturgia renovada, que es la actual que hoy practicamos, hay que reconocer que las Misas de los Gozos, con su dimensión pedagógica y auxiliar quedan absolutamente injustificadas.  No se puede admitir hoy en día una acción musical paralela a la celebración del sacerdote (con el coro o el pueblo cantando mientras el presidente recita los textos litúrgicos), ni tampoco se puede admitir la interrupción de la celebración para intercalar las estrofas a modos de presentaciones de cada rito o elemento.

Sin embargo, puedo afirmar por mi experiencia asistiendo a estas celebraciones en distintos pueblos de nuestra diócesis, que se dan (o se han dado recientemente) ambas situaciones: canto simultáneo a la recitación del sacerdote (Huéneja, al menos hace unos diez años) e interrupción de la misma para incluir los cantos tradicionales (Orce).  También existe una solución intermedia, quizá la menos mala, pero también en el fondo inadecuada a lo que pide el Vaticano II, que consiste en emplear los cantos de las Misas de los Gozos como los cantos habituales del propio y del ordinario de cualquier Eucaristía dominical o festiva (La Peza).

Son, digamos, soluciones de convenio que tratan de conservar vivo, por un lado, este valioso patrimonio que constituyen estas misas, y de celebrar una liturgia propia de nuestros días y de nuestro orden eclesial, por otro.  No obstante, las dificultades para conciliar con la práctica actual un elemento que nació al servicio de un rito ya no practicado son evidentes, y probablemente insalvables.

Mientras tanto, en estos días previos a las fiestas de Navidad, las llamadas litúrgicamente ferias mayores del Adviento, seguirán sonando en tantas iglesias de nuestras comarcas estos cantos centenarios.  Entre la pureza de las arcaicas estrofas y tonadas de las Misas de Gozos de Galera y las muy evolucionadas y enriquecidas Misas de la Virgen de La Peza, en muchos de nuestros pueblos volverán a darse la mano, de una u otra forma, la Liturgia eclesiástica oficial y la devoción popular:

Hinquémonos de rodillas

en este templo sagrado

y veremos cómo alzan

a Jesús Sacramentado.

(Nota final: el presente texto es un resumen divulgativo de un trabajo de mayor envergadura que se encuentra en proceso de elaboración).

Darro, a 13 de Diciembre de 2016

Pablo Rodríguez Cantos

0 Comentarios:


¡¿Te gusta este blog?!