sábado, 19 de diciembre de 2015

"Evangelizar con los villancicos" por el párroco de Darro, Pablo Rodríguez (II)

¿Qué es un villancico?  Comenzamos aquí un breve recorrido por la historia del villancico que nos permitirá asomarnos fugazmente a sus orígenes, apreciar la variedad temática y formal del género, y ponerlo en relación con músicas contemporáneas europeas. 


Para facilitar la lectura pondré las referencias bibliográficas al final de esta serie de estudios.

No es fácil establecer ni el concepto ni el origen del villancico, una forma de música vocal española que surge hacia el siglo XV y que se caracteriza por tener el texto en castellano y por estructurarse mediante estribillo y coplas (también llamadas mudanzas). 

Probablemente se pueden detectar relaciones genéticas con formas y experiencias musicales hispanoportuguesas anteriores como las cantigas y las músicas de los juglares medievales.  De hecho, el mismo nombre variaba en estos primeros siglos usándose indistintamente cantiga, letra, letrilla, chanzoneta, villanesca, villancico... término éste último que acabó imponiéndose a partir del siglo XVII.  A diferencia de lo que ocurre actualmente, el villancico no tenía que ser necesariamente de tema navideño, incluso era con frecuencia de temática no religiosa.

Métricamente el villancico está en relación con el zéjel mozárabe, del cual hereda uno de sus elementos más característicos: el verso de enlace y el verso de vuelta, que son unos versos que median entre la estrofa y la reaparición del estribillo, recuperando la rima de éste tras los versos de la estrofa que muestran otra rima.  En el Cancionero Musical de Palacio, una colección de canciones del siglo XV compilada en las primeras décadas del siglo XVI descubierta en la Real Biblioteca de Madrid, encontramos un conocido zéjel que nos permite ilustrar la técnica del verso de enlace (en negrilla) para recuperar la rima del estribillo y dar paso a la reaparición del mismo con el verso de vuelta (en este caso, de su último verso):

Tres morillas me enamoran
en Jaén;
Aixa y Fátima y Marién.

Tres morillas tan garridas
iban a coger olivas,
Y hallábanlas cogidas
en Jaén;
Aixa y Fátima y Marién.

Propongo escucharlo primero en una versión realmente valiosa: una grabación histórica de 1931 con la voz de La Argentinita y el acompañamiento pianístico de Federico García Lorca.


Una versión sin duda más fiel a la realidad original de esta composición, en cuanto a interpretación, a pesar del carácter necesariamente creativo del acompañamiento, se puede encontrar aquí a cargo del Ensemble Accentus dirigido por Thomas Wimmer:


Muy valioso el comentario que encontramos en la propia página y que deja claro el carácter erótico del poema original, al más puro estilo de las mil y una historias de Scheherezade. 

Carácter erótico que se encuentra sutilmente disimulado en la versión cristianizada, que es con mucho la más conocida, con el añadido de la estrofa “Díjeles ¿quién sois, señoras? [...] Cristianas, que éramos moras”.  Debió ser ésta una práctica frecuente en el Renacimiento, como veremos más adelante a propósito de un soneto de Garcilaso puesto en música por Francisco Guerrero.  Para lo que nos interesa, digamos simplemente que en esta época un villancico puede tener cualquier temática.


El compositor castellano-leonés Juan del Encina (1468-1529) fue uno de los primeros y grandes polifonistas españoles.  Nos ha legado cierto número de villancicos y otras composiciones emparentadas con ellos que se conservan en colecciones como el ya mencionado Cancionero de Palacio (Madrid).  De él destacaremos dos piezas con las que documentaremos la variedad de temas que podían tener los villancicos en el siglo XV.

El muy famoso "Hoy comamos y bebamos" es un villancico que podríamos inscribir en la temática del carpe diem (en versión glotona), y que nos trae ecos de la grotesca batalla de don Carnal y doña Cuaresma que leemos en El libro de buen amor; tema, como es evidente, nada piadoso ni religioso:

Hoy comamos y bebamos,
y cantemos y holguemos,
que mañana ayunaremos.

Por honra de San Antruejo
parémonos hoy bien anchos.
Embutamos estos panchos,
recalquemos el pellejo:
que costumbre es de concejo
que todos hoy nos hartemos,
que mañana ayunaremos. 

La versión que ofrezco es la de Jordi Savall con Hesperion XX:


La pieza, construida sobre un ostinato rítmico en hemiola, nos remite a la tradición francesa de la chançon à boire, un tipo de canción de origen popular de carácter bullanguero y que anima a beber y a comer, y que podemos llamar también canción de borrachos o canción de taberna.  La de Juan del Encina se puede comparar con esta obra de su contemporáneo francés Pierre Attaignant titulada Quand je bois du vin clairet, que es una armonización a cuatro voces sobre una melodía previa:


El segundo ejemplo cambia totalmente de aire y de temática.  Ay triste que vengo es un bellísimo villancico de Juan del Encina, conservado en el Cancionero de Segovia.  La experiencia de la tristeza inmensa ligada a un fugaz amor no sólo no correspondido, sino perdido definitivamente tan pronto como ha llegado, inspira al compositor una delicada melodía por igual dulce y amarga que nos recuerda a las quejas otros dos desdichados pastores, Salicio y Nemoroso, aunque sin el lenguaje mucho más culterano y mitológico de Garcilaso.  Enlazamos, de nuevo, la versión de Jordi Savall y Hesperion XX.


¡Ay, triste, que vengo
vencido de amor,
maguera pastor!

Más sano me fuera
no yr al mercado,
que no que viniera
tan aquerenciado:
que vengo cuytado,
vencido de amor,
maguera pastor. 

Un equivalente europeo de la misma época podría ser la famosa canción Mille regretz del compositor flamenco Josquin des Prez, conocida en España como La canción del Emperador debido, según se cuenta, al hecho de ser la melodía favorita de Carlos I.  Fue transcrita para vihuela por el granadino Luis de Narváez y empleada por el gran polifonista sevillano Cristóbal de Morales para su misa Mille Regretz.  Aquí dejamos la versión coral de Josquin interpretada por La Capella Reial de Catalunya dirigida por Jordi Savall:


También podemos comparar este villancico con otra obra, ésta muy posterior: la hermosa canción de 1624 Sì dolce è 'l tormento de Claudio Monteverdi, otro ejemplo emblemático de las músicas más tristes del mundo.  Nótese la semejanza de algunos elementos melódicos de ambas composiciones, a pesar de las evidentes diferencias de estilo.  Propongo una versión, realmente exquisita, a cargo del contratenor de moda Philippe Jaroussky:



La temática religiosa aparece también en los villancicos de esta época.  Como ejemplo, un alegre villancico anónimo recogido en el Cancionero de Uppsala (publicado en Venecia en 1556):

¡Dadme albriçias, hijos d' Eva!
— ¿Di de qué dártelas han?.
Que es nasçido el nuevo Adan.
— ¡O hy de Dios, y que nueva!

Dádmelas y haved plazer,
Pues esta noche es nasçido,
El Mexías prometido,
Dios y hombre, de mujer.

Y su nasçer nos relieva
Del pecado y de su afán,
Pues nasçió el nuevo Adan.
— ¡O hy de Dios, y que nueva! 


Este villancico recrea el anuncio del nacimiento de Cristo a los pastores por el ángel del Señor, mensajero de esta buena noticia.  El solista dialoga con el coro de pastores hasta que todos se funden en una jubilosa aclamación: ¡Oh, hijo de Dios, y qué nueva!.  Una exquisita joya musical centrada en el anuncio evangélico del nacimiento del Salvador, y que escuchamos en la interpretación de la Capella de Ministrers dirigida por Carles Magraner:


El acompañamiento instrumental está constituido por la misma música que se canta, que era lo habitual en el Renacimiento.

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