sábado, 18 de abril de 2015

Semblanza de Sor Patrocinio Zurita, religiosa clarisa del convento de Guadix

Por José Hernández Valenzuela, OFM

El pasado domingo, 12 de abril, nuestro Señor Resucitado le abrió las puertas de su casa a la hermana del Monasterio de Clarisas de Santiago Apóstol, de nuestra ciudad de Guadix, Sor Patrocinio de San José Zurita Carreño.


Nacida en 1927 en Jeres del Marquesado, era la segundogénita de los siete hijos que tuvo el matrimonio de Emilio Zurita Estévez e Isabel Carreño Morales. Fue bautizada con el nombre de Teresa ante la imagen de nuestra Señora de la Purificación (La Tizná), por la que sentiría toda su vida una verdadera devoción y un profundo amor filial, hasta el punto de que, siendo ya religiosa en el convento de Santiago, cada noche del 8 y 9 de septiembre, unas veces con permiso y otras sin él, subía a lo más alto del convento para deleitarse con el resplandor y las ráfagas de los cohetes que sus paisanos de Jerez lanzan esos días en honor a su Patrona. De sus padres, cristianos de pura cepa y honda raíz, recibió una fe auténtica y una sólida formación cristiana.

A los 16 años ingresó en el Monasterio de Santiago como religiosa Clarisa, cambiando su nombre de pila por el de Patrocinio de S. José, por su devoción al glorioso Patriarca. Su propósito fue seguir a Jesucristo por el mismo camino que, ocho siglos atrás, lo hizo santa Clara de Asís. Si Francisco de Asís fue quien espoleó a Clara para que siguiera al Cristo pobre y crucificado, su acendrada fe y el ejemplo de muchas religiosas jerezanas, profesas en ese convento, le sirvieron de acicate para dar el paso definitivo en el seguimiento del Señor.

A partir de ese momento, la vida de sor Patrocinio vida fue enteramente para el Señor y sus hermanas clarisas; unas veces, sirviéndolas con su trabajo y dedicación en las tareas conventuales: bordado – arte en el que sus manos hacían verdaderos primores –, planchado, cocina, secretaría, sacristía, elaboración de formas para la Misa, etc. Otras, y fueron muchas, las sirvió como Abadesa durante muchos años, como Vicaria de la casa y como Consejera de la Federación de hermanas Clarisas, llegando a ser el alma de esta comunidad.

Se consideraba una preferida del Señor. Fue amante fidelísima de San Francisco y santa Clara, sus padres y mentores espirituales en su camino interior.   

Era feliz recordando lo que hacía su hermana Dulce, religiosa de las Hermanitas de los ancianos desamparados, en la Cuba castrista y en el Méjico de la violencia.

En el último año se vio aquejada de una vejez prematura y se fue deteriorando físicamente a pasos agigantados. Su cuerpo parecía anhelar el abrazo del Señor más que permanecer en la tierra.   

En el último mes y, sobre todo, en los últimos días era consciente de su partida. Se despidió de todas las hermanas,  les agradeció las atenciones que le habían prestado, se preparó para su partida, y así, tomada de la mano del Señor, marchó a la Casa del Padre, tras 72 años de vida religiosa y 88 de vida terrena.

En el convento han perdido una hermana, En el cielo han ganado una intercesora. Esperemos que, ante el Señor, cumpla el último encargo que sus hermanas le dieron para la Comunidad: Que interceda ante el Señor para que les envíe vocaciones y puedan seguir siendo en Guadix, en nuestra Diócesis y en la Iglesia, testigos de Dios y de su Resurrección gloriosa. Que esta Resurrección haya alcanzado en plenitud a sor Patrocinio, quien, como el grano de trigo, ha sido ya sepultada en tierra, para que germine definitivamente en la vida nueva y verdadera de la gloria del Padre.   

En alabanza de Cristo y de sus siervos Clara y Francisco. Amén.  


José Hernández Valenzuela, OFM

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