miércoles, 25 de marzo de 2015

Artículo de Juan Antonio Díaz para la revista cofrade granadina: "Gólgota"

SEMANA SANTA DE BAZA:
CRISOL DE COSTUMBRES, TRADICIÓN, AMOR Y DEVOCIÓN
"A María C.J., mi gran amiga, 
quien me enseñó a amar en cofrade"

Baza, Cuaresma, Semana Santa. ¡Qué tres palabras más bonitas! Baza, el nombre de una bella ciudad. Cuaresma, esos cuarenta días que Jesús deambuló por el desierto y fue tentado por Satanás, esos días que comienzan en Miércoles de Ceniza y terminan en Domingo de Resurrección. Semana Santa, es difícil poder describir en pocas palabras el significado que para nosotros, los cristianos, tienen estos días en los que la Cuaresma expira como Jesús lo hizo en el Gólgota crucificado a su vera junto con Dimas, el buen ladrón, y a sus pies una Madre llora de dolor. 

Una Semana que es Santa, que conmemoramos la Pasión, muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Una semana que en Andalucía tiene un aire muy especial, en Granada un sabor primaveral y en Baza, la ciudad de la Dama, parangón sin igual.

Hemos querido comenzar este pequeño artículo con tres preciosas palabras, que para cualquier cofrade o para todo cristiano, producen un eco en su corazón. El nombre de un lugar, el nombre de un tiempo y el nombre de un destino que culmina con la estación de penitencia. Esa que hace cada cofradía, en este caso por las calles de Baza, llevando por estrella y vigía a su bendita Cruz de Guía, por parihuela un bello paso de palio y por cuadrilla a una ciudad entera para procesionar a Dios y a María por rumbo el Silencio y por destino la Victoria.

Baza, esa ciudad situada en la zona septentrional del antiguo Reino de Granada, en estos días de Semana Santa se convierte en un sobrio paso de misterio y otro de palio, sus barrios son cada uno de sus varales por costero; su cielo estrellado, el techo de un precioso paso de palio; sus estrellas son el manto de una dolorosa; y sus luces, llamas que arden en los pabilos de cera, que se consumen en la candelería de la Esperanza y en los ciriales de los penitentes, cuyos ojos lloran con un eterno resplandor y sus corazones rezan devotamente al Cristo del Amor.

Amanece y a primera hora del Domingo de Ramos, la ciudad de Baza huele a ramos y palmas ilicitanas, a incienso y azahar, a olivos y sierra. Aromas de tomillo, espliego, alhucema y romero, que bajan de la sierra al pueblo y del cielo a la tierra, embriagando las calles bastetanas. En esta mañana de domingo, en la amanecida, cuando la aurora despierta, se oye una saeta en la radio, los señores se visten de traje y las mujeres de belleza sin medida para entrar a la Iglesia y escuchar la Santa Misa. Palmas que procesionan por la mañana, en manos de los bastetanos, para recibir la bendición de los ramos. Para después por la tarde, tras la apertura de la puerta con las llaves, a lomos de un borriquillo, viene por las calles de San Juan, Jesús hecho un zagalillo acompañado por el Evangelista que da nombre al viejo barrio y toda una ciudad en cristiana estación de penitencia y en procesión devocional, reza a Jesús de la Paz.

Lunes Santo, la noche cae sobre Baza, la ciudad se viste de mantilla negra donde la luna es broche de plata en la peineta y las estrellas del cielo luciérnagas de un cortejo nazareno. A eso de las nueve de la noche, las puertas de la iglesia de Santiago se abren, el arrabal se escapa de la antigua ciudad amurallada y Nuestro Padre Jesús del Rescate sale a hombros de sus valientes costaleras que van haciendo un gran trabajo bajo la parihuela. Mujeres cristianas, aguerridas y pioneras, y decimos pioneras, porque conformaron la segunda cuadrilla de toda Andalucía formada única y exclusivamente por mujeres. Han pasado ya más de veinticinco años de aquello, pero aún siguen siendo un referente y ejemplo para toda Andalucía. Las Madres Dominicas de Huéscar bordaron con oro y piedras su preciosa túnica de terciopelo morado. Con una bendita corona de espinas, las manos atadas por el prendimiento y las potencias en su cabeza divina, Jesús del Rescate procesiona por las calles de Baza, al son de las Penas, su cortejo nazareno y un pueblo entero.

Martes Santo, en esa noche bastetana que precede a la poesía con derroche, sale María al Pie de la Santa Cruz. En las manos de Sánchez Mesa te quisiste hacer imagen y en su corazón siempre estuviste presente, latiendo en su devoción a través de las gubias del amor que iban tallando la madera que forma tu divino talle. Te encuentras al pie de la Cruz, llorando por Jesús, abrigada con un manto bordado por las primorosas manos de Mari Carmen como si fuera la mar azul. Las calles y Plaza Mayor se inundan de blanco y celeste y la luz de unos faroles que iluminan la senda de tus valientes costaleros que te llevan bajo la trabajadera, entre “chicotá” y “revirá”, al compás de la banda y los sones de la música, va María Santísima al Pie de la Santa Cruz por las sendas bastetanas.

Miércoles Santo, Misericordia andaluza y Soledad, franciscana y murciana, en las manos de Salzillo se inspiró Sánchez Lozano para tallarte, María Stma. de la Soledad, rezando al cielo cuando sales por las puertas del viejo convento. Misericordia bastetana que sales sobre el hombro del horquillero, bajo el varal del paso que va ataviado con túnica y cíngulo franciscano, procesiona por las calles de Baza al Cristo de la Misericordia al compás de las marchas de corneta y tambor va Jesús crucificado por las sendas del corazón. La Madre en Soledad le acompaña, con una candelería de plata, un precioso paso y las nubes del cielo que son su techo de palio. 

En la tarde de Jueves Santo, las nubes del cielo se desvanecen, unos rayos de sol radiantes acarician tu cara de Nazareno y tu pelo moreno. Inspirándonos en las palabras de don Carlos Herrera, maestro de maestros en el arte pregonero: “En tus ojos penitente, brilla una luz de centeno. Baza, devotamente, ve pasar al Nazareno”. Los ojos de mi Nazareno al amanecer en una fría mañana de domingo, vieron a su hacedor que se apellidó Sánchez Mesa. Esos ojos nos miran enternecidos por su Amor, mientras lleva la Cruz acuestas. 

En la misma tarde, esa tarde que florece por primavera como la azucena en el campo, el nenúfar en el agua y el romero en la sierra, se viste de verde Esperanza que sale a navegar por las calles sanjuaneras. Y en el barrio moro la Señora que ya zarpa por las aguas avanza, en su paso de palio firme y sin estruendo, ya navega hacia mar adentro. Con seis varales por banda, a hombros de los costaleros que reman bajo la trabajadera, no corta el mar, sino navega, ¡Mi Señora y Madre Buena! A barlovento, a sotavento. Un “llamaor” por timonel, un contraguía por contramaestre, un pertiguero por grumete, un patero por marinero, un techo por firmamento, una estrella por cruz de guía. Al mando de su cofradía, un capataz por capitán, ¡te lleva!, ¡te mece! por el barrio de San Juan. Es la luz del firmamento, tu candelería de plata y las estrellas del cielo. Por rumbo, la luz de la aurora. Por velas, tus estandartes. Por cañones, los jarrones. Por mascarón, tu blasón. En el balcón del palacio se arranca una saeta, el sonido de la mar en la tarde el ocaso y nazarenos en penitencia. ¡Leva anclas marinero! arría la mesana, que por las calles de Baza sobre su divina peana, va navegando mi Madre Esperanza. Nuestra Madre Esperanza acompaña al Cristo del Amor, Amor de los Amores, devoción y pasión. Antonio Barbero supo plasmar con su gubia en una cruz, el Amor. ¡Cuatro hachones de madera!, dan luz al consumirse la blanca cera que ilumina la senda y la trabajadera. A los sones de cornetas y tambores, procesionan por las calles de la ciudad mi Cristo del Amor y mi Esperanza Bastetana, con la Palabra según San Juan, que llena mi corazón y mi alma.

La noche ha caído en la ciudad de la Dama. La Plaza Mayor está cubierta por un negro manto iluminado de estrellas. El astrolabio del tiempo ha sido congelado por el tintinábulo del campanario. A las once de la noche, se abren las puertas del templo, recogimiento, sobriedad, austeridad, oración, oscuridad, horquillero y madero. El Soberano de Baza, el Cristo de los Méndez, imagen legendaria de antaño hace su aparición en el atrio de la Colegiata. Una leyenda te acompaña, Señor de los Méndez, cuando apareciste en esa casa bastetana: 

“…Cuéntase que en el zaguán de una de las casas de la calle Méndez, otros dicen de la actual calle Zapatería, hallábase, desde muy antiguo, depositado un recio madero. Cierta noche, muy a deshora, los dueños de la casa, que habitaban el piso superior, oyeron unos fuertes golpes en la puerta y una voz profunda que decía: “¡Venimos por el madero!”, a lo que no dieron crédito, ya que la viga era de tales dimensiones que difícilmente podría ser transportada; pero a la mañana siguiente observaron con gran sorpresa que realmente había desaparecido. Pasaron algunos días; y otra noche, cuando la indicada familia rezaba el rosario después de la cena, volvieron a escuchar abajo el mismo ruido de golpes en la puerta y la misma voz que decía: “¡Traemos el madero!”. Bajaron precipitadamente y hallaron la talla de un Cristo Crucificado, que desde ese mismo momento comenzó a ser objeto de gran veneración. Después, el Stmo. Cristo de los Méndez fue llevado a la Iglesia del Sagrario y situado en una capilla donde fue venerado por todos los bastetanos…” 

A las once de la noche, cuando enmudecen las campanas en el pináculo, cuando el tiempo se para y la luz se apaga porque sale el Cristo de los Méndez, talla de Martínez Olalla, a procesionar por las calles de Baza. Nuestra Madre Esperanza lo recibe en la plaza, mientras la ciudad permanece callada, silente, sólo se oye la “madrugá” en la capilla que acompaña, mi Señor de los Méndez se alza sobre los brazos de sus horquilleros y su paso de caoba, obra de don Esteban Jiménez, para saludar a su Madre Esperanza, bajo la Real Corona de España.

Viernes Santo, ocho y media de la mañana, cuando ya cantó más de tres veces el gallo y la luna dormida se halla, sale la Cofradía de Santiago. Cristo del Descendimiento en el misterio y Nuestra Señora de los Dolores en el palio, dan luz y sones a la mañana de Viernes Santo. Pasado medio día, esta preciosa cofradía pasa por la alameda siguiendo por estrella de los vientos y vigía a su bendita cruz de guía. Antaña cofradía, te abala la historia, devoción y memoria, te acompaña toda Baza que se une en procesión desde el barrio de Santiago en dirección a la Plaza Mayor. De negro y blanco se visten los nazarenos; por escudo, la espada de Santiago Apóstol en corona de espinas rodeada, guarda el corazón de la Virgen por siete veces apuñalado en el paso de palio custodiado, entre plata, flores, cera, jarrones, varales e hilo bordado.

Viernes en la tarde, tenemos el duelo de Cristo, el Santo Sepulcro se hace a la calle, desde el mercedario convento al corazón de la ciudad. Lo acompaña María Santísima de la Caridad, ese nombre tan bonito que lleva nuestra Madre y que da también nombre al buen hacer solidario de los jóvenes cofrades bastetanos para ayudar a aquél que llamamos todos los días: hermano.

La noche llega y cubre a Baza como el manto a una dolorosa. A las doce en punto de la noche, se abren las puertas de la Colegiata y sale en absoluto ¡silencio! Nuestra Madre de los Dolores con su luto y vestida de duelo. Cofradía decana de la Semana Santa Bastetana, en silencio y Silencio, sólo se oye el ronco tambor, con penitentes vestidos de luto y farol castellano en la mano, que iluminan las sendas como lo hacen a la noche las luciérnagas de las estrellas y cíngulo dorado. Las estrellas del cielo son tu techo de palio, la luna es el broche en la peineta y las manecillas del reloj los varales del paso. Tu corazón bendito, Madre de los Dolores, está atravesado por siete puñales de plata que se han clavado en el amor y bondad del que es tu corazón manantial.

Sábado Santo, por la mañana al estar el día bien entrado, Baza le da el pésame a la Virgen de la Soledad, en el antiguo convento mercedario.

Domingo de Resurrección, que se rompa el silencio y duelo, el luto ya no tiene razón de ser porque Cristo ha resucitado y ascendido al cielo. Los niños, esas nuevas generaciones, el baluarte de nuestra Semana Santa y los más fieles guardianes de nuestras tradiciones, procesionan a Cristo Resucitado por las calles de Baza y la Alameda de Cervantes. Sobre los hombros de los más jóvenes horquilleros y sobre sus jóvenes corazones, a las calles Cristo Resucitado sale y Baza, pueblo devoto y fiel, ve como Cristo ha vencido a la muerte, ha resucitado. Y las campanas de las iglesias voltean con su badajo tronando al cielo porque Cristo como Rey del Universo ha sido coronado.


JUAN ANTONIO DÍAZ SÁNCHEZ

(Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino)

Fotos Jesús Mirón "el Capote"

Páginas 142-147 de la Revista Gógota 2015

2 Comentarios:

Anónimo dijo...

Para no ser de baza, que bien conoce la semana sana bastetana


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