domingo, 23 de octubre de 2016

Carta Pastoral del Obispo de Guadix para el día del Domund 2016

Queridos hermanos y hermanas en el Señor: La fe cristiana entraña en su misma vocación una misión: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio” (Mc 16,15). El mandato del Señor resuena cada día en el corazón de la Iglesia llamándola a salir de sí misma para ir al mundo, a los hombres, y llevarles la salvación. 


Por ello, todo bautizado, por el hecho de serlo, es misionero.

Cada año el día del DOMUND nos recuerda esta realidad esencial a la fe que profesamos, al tiempo que nos invita a tener presentes a tantos hombres y mujeres que en el mundo entero todavía no conocen al Señor; sin olvidar a los que un día dejaron tierra, casa y familia para ser testigos del Evangelio hasta los confines del mundo: nuestros misioneros.

Las palabras de Dios a Abrahán: “Sal de tu tierra”, lema de la Jornada misionera de este año, son una provocación a la que sólo se responde desde la confianza. No se deja fácilmente lo que ya se ha conseguido sin confianza; la falta de seguridad, en la fe es la mayor seguridad. No se pone la confianza en algo sino en Alguien. Abrahán confía en Dios y en su palabra, y por eso deja tierra y casa para comenzar una nueva aventura. La llamada de Dios le hace abrir nuevos caminos, explorar nuevas posibilidades, abrirse a un futuro incierto en lo humano pero seguro en Dios. No sólo deja las posesiones materiales, por pequeñas que fueran, sino que sale de sí y de su propia seguridad. El llamado: “Sal de tu tierra” sigue siendo hoy un programa de vida para cada uno de los cristianos. Salir es mucho más que dejar lo que tengo o lo que hago, es, sobre todo, una actitud interior, un modo de estar en el mundo. Es lo contrario de la acomodación, de la mirada corta, de un corazón conforme y conformista que tiene actitud de llegada más que de salida.

Los misioneros, a lo largo y ancho del mundo, responden cada día a la llamada que Dios les hace a salir, y a entrar en la vida de los hombres, estén donde estén, y sea su condición la que sea. La misión es universal y no conoce barreras ni fronteras. Cuando los medios de comunicación nos acercan el testimonio de los misioneros, reconocemos la gran labor que realizan, una labor llena de dificultades y riesgos, pero marcada por la alegría al saberse instrumentos del Señor en medio de los hermanos más necesitados.

Este año el DOMUND se ve iluminado por el Año de la Misericordia que estamos celebrando. Nos invita a ver la misión Ad gentes como una gran e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material, como recuerda el Papa en su mensaje con motivo de esta Jornada. La misericordia es también el rostro de un Dios que busca al hombre para atraerlo hacia Él. Podemos decir que la misericordia es el corazón mismo de Dios, pero también su misión entre los hombres. Dios vive la alegría del encuentro con el hombre que no lo conoce, o del que vuelve a Él después de haber puesto la distancia del pecado. Dios muestra de un modo especial su misericordia con el pobre y necesitado. La misericordia llega hasta el hombre frágil para ser su fortaleza y liberación.

Los misioneros realizan una gran obra de misericordia. En los meses pasados he tenido la inmensa dicha de visitar y estar con nuestros misioneros en Honduras –tres sacerdotes y un laico- compartiendo su vida y su tarea. Os confieso que ha sido una verdadera experiencia de gracia donde he podido ver de modo palpable la mano de Dios y su amor para con nosotros. Son muchísimos los niños, jóvenes, familias, ancianos que se acercan a ellos. No es fácil olvidar sus rostros ni sus experiencias de sufrimiento. Pero tampoco puedo olvidar su fe y su alegría. Hablo de Honduras pero otros muchos hijos e hijas de esta tierra están también en otros países de misión. Para todos ellos nuestro agradecimiento y nuestra admiración.

Como tarea para este curso misionero, me gustaría que la presencia diocesana en los lugares donde trabajan nuestros misioneros fuera más real; quiero decir, más afectiva y efectiva. Que nos sintiéramos más unidos a ellos con nuestra oración y nuestra ayuda. Y algo más: la posibilidad de colaborar con ellos, al menos algunos días. En este sentido he pedido al Secretariado de Pastoral Juvenil que comience el trabajo con jóvenes voluntarios, que después de una buena concienciación y preparación puedan tener una experiencia misionera. Estoy convencido de que el que allí va, vuelve con una fe más fuerte y comprometida.

Esta conciencia misionera pretende ser un pilar fundamental en nuestro nuevo Plan de Evangelización, “Testigos misioneros del Evangelio”. En él se nos dice: “Hoy, el Señor Resucitado nos urge a salir de la facilidad de aquello que conocemos y controlamos para estar presentes en los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia” (n. 4).

Renovemos, queridos hermanos, nuestra vocación y compromiso misionero mediante la conversión y la salida de nosotros para ser testigos creíbles y audaces de lo que anunciamos. No nos faltará la presencia y la ayuda de Dios. Una Iglesia misionera es una Iglesia viva.

Aprendamos de la Virgen María las actitudes de todo misionero: la escucha de Dios, la meditación de su Palabra, la disponibilidad para responder a la llamada y la salida alegre para ir al encuentro de los demás.

Con afecto, os bendigo en el nombre del Señor.

+ Ginés, Obispo de Guadix

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