sábado, 14 de mayo de 2016

"Las Santas Nunilón y Alodía en la literatura y en la música"

En homenaje a Don Gonzalo Pulido Castillo, maestro de maestros y ejemplo a seguir para todos los que tuvimos la suerte de disfrutar de su amistad.

La aparición de la temática referente a la devoción a las Santas Mártires Nunilón y Alodía dentro de la Literatura y de la Música la podemos tratar en estas páginas siguiendo algunas pinceladas del excelente trabajo del profesor Pulido Castillo (RIP). 


Las primeras referencias literarias que tenemos sobre Nunilón y Alodía es en los escritos de Eulogio de Córdoba en el s. IX. Un siglo más tarde, el códice de Silos, que actualmente se encuentra en el Museo Británico, data del siglo X e incluye un himno a las Santas.

Un personaje clave en el desarrollo moderno de la devoción a las Santas es Juan María Guerrero de la Plaza (1829-1912); poeta, compositor, maestro de capilla, organista de Santa María y secretario del ayuntamiento oscense. Podemos destacar el poema “A nuestras Santas Patronas”, cuyos fragmentos fueron utilizados en una cantata que se celebró para un novenario en 1850. También podemos destacar una “Plegaria a nuestras Santas Patronas” y en 1885 “Coplas a nuestras Santas Patronas, para su novena en rogativa de que nos libren de la epidemia del cólera morbo asiático”.

La creación de la zarzuela y  la música del himno de las Santas se les debe a don Vicente García Lacal que en palabras del profesor Pulido Castillo: “... es un juguete cómico-literario en un acto dividido en cinco cuadros. El texto es original del abogado oscense don Conrado Iriarte Iriarte y se estrenó en el teatro oscense en al año 1932”. Posteriormente, Don Enrique Pareja Bosch le hizo arreglos a la partitura original.

En cuanto al himno, el cual está escrito sobre letra de Fray Ángel Herrera, es como sigue:

¡Santas benditas,
lirios nevados de nuestro suelo,
soles radiantes de nuestro cielo,
Alodía y Nunilón!
¡Huéscar es toda
para cantaros, lira de oro,
y para amaros, pecho sonoro
de encendido corazón!

El vibrante himno compuesto por el sacerdote don Joaquín González de la Llana, creado a mediados de los años cuarenta de este siglo:

Noble pueblo, que a tus Santas
elevas fervientes preces
y de hinojos a sus plantas
de santo amor te estremeces,
y lloras cuando las cantas,
cántalas, pues, a porfía,
y teje bellas coronas
a Nunilón y Alodía,
flores de la serranía,
nuestras excelsas patronas.

Sois nuestro orgullo, Santas benditas,
por eso Huéscar con devoción
corre al abrigo de vuestra ermita
y allí su pecho, que amor palpita,
os hace entrega el corazón.
¡Gloria a las Santas!, con gozo grita.
¡Viva Alodía y Nunilón!

A lo largo de este recorrido realizado sobre los autores que han tenido a las Santas Nunilón y Alodía como motivo principal de sus poesías y escritos, no queremos dejar de hacer mención a los poemas que el escritor y poeta Don Gonzalo Pulido Castillo (RIP), gran poeta y mejor amigo, realizó sobre las mismas:


ROMANCE EN LA ERMITA DE LAS SANTAS


Señores, oigan la historia
de nuestras Santas benditas,
cuyo martirio estremece
por su fe y su valentía.
Era en tiempos de los moros,
en Huéscar, ciudad antigua,
cuando la cruz de sus torres
no se alzaba todavía.
Hace ya más de mil años
en una casa vivían
dos niñas, de Cristo esposas
a despecho del califa.
La grande era Nunilón,
y la menor, Alodía,
hermanas de padre y madre,
hijas de noble familia.
La madre, que era cristiana,
les enseñó la doctrina,
pero el padrastro, furioso,
que renegaran quería.
En oscuro calabozo
metieron a las dos niñas,
donde siempre era de noche,
lejos de la luz del día.
El juez las amenazaba
con arrancarles la vida
si fieles a Jesucristo,
y no a Mahoma, seguían.
Asombrados del coraje
de tan valientes chiquillas
avisaron al verdugo
que afilara la cuchilla.
Temiendo, si las dejaban,
que el ejemplo cundiría,
decidieron degollarlas
en la cárcel huesquerina.
Ya rezan al Dios del cielo,
ya se ponen de rodillas,
ya preparan las cervices
para la espada asesina.
Cayeron como esas flores
que se destacan bellísimas
y el hacha de la tormenta
las deshoja y las derriba.
Desde entonces son patronas
de Huéscar, donde las miran
como santas abogadas
en peligros y sequías.
Cada un año, sus devotos
acuden en romería
desde cortijos y valles
hasta esta sagrada ermita.
Aquí rezan a las Santas,
su protección solicitan
y la bondad de los campos
y de los tiempos suplican.
Al pie de la altiva Sagra
las muchedumbres se apiñan
para gritar fervorosos:
¡Vivan las Santas benditas!

SEGUIDILLAS IMPROVISADAS A NUESTRAS SANTAS PATRONAS


Cuando vayas al monte
dile a las Santas
que ni un solo minuto
puedo olvidarlas.
Su altar es nido
donde duerme la alondra
de mi cariño.

¡Cuántas veces la sombra 
de la tristeza
en los ojos del alma
pone una venda!
Y siento rabia
de pensar que es la vida
corta y amarga.

Pero vienen las Santas 
al pensamiento
y después de la pena
llega el consuelo.
Si ellas pudieron
tras la lucha ser fieles,
yo también puedo.

A las Santas Benditas 
de nuestra tierra
Huéscar enamorada
hace la ofrenda
de sus amores,
como hicieron antiguas
generaciones.

Oración: 
Nunilón y Alodía,
privilegiadas
luminarias que el cielo
puso en la Sagra.
¡Santas Patronas,
de este pueblo que os ama
sed protectoras!

Al refugio amoroso
de vuestra ermita
llegarán los recuerdos
del alma mía,
cuando se acerque,
misteriosa y callada,
la negra muerte.

En las alas azules 
del suave viento
volará a vuestras plantas
mi último beso,
y al lado vuestro,
como eterna plegaria,
llevadlo al cielo.


Y por fin, como un epílogo de la Semana Santa, el lunes de Pascua llegan las Santas. No es posible describir la pasión de Huéscar por sus Santas. Es un sentimiento tan visceral, tan unido al hecho de ser oscense, que tiene algo de patriótico, de familiar, de eterno. Muy de mañana, con el aire fresco cortando la cara, Huéscar llega hasta la ermita de la sierra a recoger a sus Niñas. Las baja amorosamente, deteniéndose ante cada grupo que por el camino las saluda y las vitorea. En los lugares señalados por la costumbre, los devotos de Alodía y Nunilón, con ellas en hombros, se meten en el agua casi helada que baja por la acequia saltando desde las alturas de la Sagra. Y por la noche, las Santas hacen su entrada triunfal en la población. Como unos visitantes esperados durante mucho tiempo, como unos familiares a quienes se recuerda con cariño. La Plaza y la iglesia de Santa María hierven de gente con una sola garganta y un solo corazón. Huéscar recibe a sus patronas, a las Santas benditas. No hay nada más grande. Momentos inenarrables, cuajados de emoción y de alegría. ¡Benditas sean ellas y bendito sea el pueblo que conserva tan arraigados su devoción y su amor!


Los caminos del monte
huelen a fiesta
porque han visto a las Santas
y es primavera.
Hasta los cielos
más azules parecen
y más serenos.

De la Sagra hasta el valle
no hay una rama,
ni una flor, ni un arroyo,
que a nuestras Santas
con vivo anhelo
no le mande amoroso
siquiera el eco.

Las campanas de Huéscar
tocan a gloria
anunciando que llegan
nuestras Patronas.
Son sus tañidos
una mezcla de coplas
y de suspiros.

No añoréis el refugio
de vuestra ermita,
porque el pueblo de Huéscar
os necesita,
y en cada pecho
las plegarias se elevan
como en un templo.

En el tronco del árbol
de mi cariño
vuestros nombres sagrados
tengo yo escritos.
Y cada día
os ofrezco las rosas
del alma mía. 

JUAN ANTONIO DÍAZ SÁNCHEZ
(Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino)

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