4 de septiembre de 2011

Testimonio de Esperanza López, joven bastetana voluntaria de la JMJ

Esperanza, la primera por la derecha
Esperanza López, ha sido una de los pocos jóvenes de la Diócesis que han sido voluntarios en la JMJ en Madrid. En concreto, estuvo en la misa de los seminaristas y en Cuatro Vientos. Básicamente informando, guiando y orientando a los peregrinos, a la par que atendiendo mareos, repartiendo agua y manteniendo el orden. También estuvo en el encuentro que el Papa mantuvo con los voluntarios.

Esta es la experiencia de esta joven enfermera, leedlo con atención pues es todo un testimonio de fe, de entrega y servicio a esta gran causa.  


"Ya han pasado unos días desde que volví de mi viaje a Madrid a la JMJ, como todos sabéis. Creo que ahora es cuando estoy empezando a asimilar la grandeza de aquello. No os podéis imaginar la cantidad de emociones que pudimos sentir a la vez. Todo era una fiesta, pero no era cualquier fiesta, era una grande donde el motor que nos mueve estaba en el centro de todo.

Estuve con un grupo de chicas de Almería durmiendo en un colegio de la Moraleja. Todas las mañanas cogíamos el metro para ir al centro, después de tener catequesis y Misa. Tardábamos 30 minutos entre el viaje y los transbordos, pero no nos importaba porque allí donde hubiera peregrinos de la JMJ era una fiesta. Siempre íbamos cantando, aunque nos sintiésemos como sardinas en lata al ir el metro al límite de su capacidad, todos sudados y apretados. No nos importaba. Merece la pena. Él, merece la pena. 

Nos fuimos a Madrid el 16, pero no me dí cuenta del cansancio hasta que regresé, las 16 horas al día que nos tirábamos andando y corriendo de un lado para otro no nos importaban. Pero no solo me di cuenta del cansancio, sino que me di cuenta de que el Papa nos necesitaba a todos y cada uno de nosotros allí. 

Los días anteriores habíamos estado ocupadas entre catequesis, visitas turísticas, convivencia con gente de todos los países... pero el día 19 empezó lo bueno. Nos levantamos a las 5 de la mañana, pues a las 7.30 teníamos que estar como voluntarias en la Catedral de la Almudena. Allí estuvimos haciendo cordón, poniendo orden junto a Policía Local y Policía Nacional, a la vez que hablábamos y ayudábamos a los peregrinos, siempre cantando y pasándonoslo genial. Eran las 12.15 de la mañana cuando el Papa salió de la Catedral. Valió la pena estar toda la mañana de pie por verlo pasar a un metro nuestro, saludándonos.

Después de esto, fuimos a comer algo rápido, reponer fuerzas para irnos a Cuatro Vientos. Tuvimos suerte porque el metro estaba colapsado - imaginaos lo que es 2 millones de personas yendo hacia un mismo lugar, en metros que salen cada 3 minutos hasta los topes- pero pudimos ir en autobús porque nos chivó un guardia que la gente no sabía ese camino y que llegaríamos antes. Así fue. Pero... imaginad: Madrid, 19 de agosto, 15.30 de la tarde, 40ºC a la sombra, dos mil personas caminando "por el desierto" hasta llegar a Cuatro Vientos. Ahí empezamos a darnos cuenta de lo que pasó el pueblo condenado a vagar 40 años. Pero Dios, nada te quita y todo lo da. Me encontré con dos amigas mías de Baza que no veía desde hacía 2 años, allí, entre 2 millones de personas. También me encontré con un buen amigo mío sacerdote, José Antonio, el cual me preparó para mi confirmación. Era un cúmulo de sensaciones... porque podríamos estar pasándolo mal por el calor, la falta del agua, tanto rato andando... pero me encontré con tres buenos amigos que hacía tiempo que no veía. ¿Casualidades? No creo yo en esas cosas...

Al fin pudimos entrar en Cuatro Vientos. Como llevábamos las camisetas y acreditaciones de voluntarias, "nos colamos" un poco. Nada más entrar, nos destinaron a la zona D4 para organizar, dar información sobre aseos, llegada del Papa, localización del SAMUR y atender mareos, síncopes... También fue ahí donde me da cuenta de que me encanta ser enfermera. Por un momento sentí miedo y se lo dije a Sonsoles, mi jefa. Se desmayaron cuatro personas a mi alrededor y yo solo tengo dos manos. Eran las 18.00, a pleno sol, y NO HABÍA AGUA. Los grifos estaban cortados porque no había suficiente presión para que llegara el agua. Empezó a formarse un caos, la gente se puso nerviosa y todos estábamos... ¡¡ sin agua !! Cogí mi rosario y me puse a rezar. Era lo mejor que podría haber hecho, además me acordaba de bienaventurados los que tenéis hambre y sed... Os digo, que es fácil quitar el miedo de vuestros corazones, solo tenéis que pedirlo con fuerza. También empezaron a llenarse las zonas y tuvimos que destinar a los peregrinos al final del aeródromo. Llegaron más personas de las que en un principio se esperaban por parte de la organización.

Gracias a Dios y al trabajo en equipo de todos los voluntarios, pudimos salir de aquello. El agua empezó a llegar, los bomberos nos refrescaban y cada cual estaba más o menos orientado en cuanto a su zona. Empezó a caer la noche, ya no hacía tanto calor, todos estábamos menos nerviosos o... más nerviosos aún porque faltaba poco para que llegara el Papa.

Una vez que terminó nuestro turno de trabajo, nos dispusimos a buscar un hueco para dormir (pues la zona donde en un principio estábamos destinadas ya estaba completa). El Papa estaba llegando. Al fondo del aeródromo de Cuatro Vientos, el cielo empezó a abrirse. Los rayos y truenos alumbraban nuestro camino en la noche. Poco después de que el Papa pronunciara unas palabras, comenzó a llover. Tormenta de truenos, rayos, agua, viento, huracán (el cual destrozó tres capillas), granizo... Se hizo el silencio. El solideo del Papa salió volando. Íbamos con la mochila y el saco de dormir a cuestas, cuando nos encontramos en medio de una red de voluntarios donde necesitaban nuestra ayuda para hacer un cordón para evacuar al Papa. Dejamos todo y nos dimos la mano de otros voluntarios que no conocíamos de nada. Rompimos el silencio: "que llueva que llueva la Virgen de la cueva...", "esta es, la juventud del Papa", "de Cuatro Vientos, no nos moverán, de Cuatro Vientos, no nos moverán lo lo loooo...", "¿No queríais agua? ¡¡¡Pues tomaaaaaad aguaaaa!!". Risas y más risas. Nos pusimos empapadas, pero no hubo ni un comentario de reproche. No nos importaba que nos cayera el diluvio universal, no, por Él no nos importaba. Por un momento, el cielo se empezó a poner naranja, la ventisca me hizo recordar la inminente presencia de Dios allí. Algunos dicen que el demonio, pero yo no creo así. Creo que todos los jóvenes (y no tan jóvenes) que estábamos allí, dimos un buen testimonio de fe por ni intentar movernos al sentir la lluvia sobre nuestros hombros. Que aunque existan dificultades, Él siempre está ahí. Es verdad que, por un momento, pudimos llegar a pensar: Señor, ¿qué quieres hoy de mi? Hoy ha sido un día en el que me has mandado todo tipo de inclemencias: calor, sed, lluvia, viento, huracán... pero seguimos aquí, y seguiremos aquí. Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe. 

Una descarga de adrenalina estremeció mi cuerpo cuando el Papa dijo: “Vuestra fe es más fuerte que la lluvia”, y todos comenzamos a aplaudir. El Papa no pudo pronunciar su discurso por la lluvia. La megafonía no funcionaba. El Papa improvisó unas palabras y se dispuso a consagrar. Cuatro Vientos era silencio, el silencio de dos millones de personas… escalofríos que recorrían tu cuerpo. Todos de rodillas, adorándole.

Después de que se fuera el Papa, se suspendió la noche de oración pues el Santísimo fue retirado de las capillas por respeto. Tuvimos tiempo para hablar con amigos y… “descansar”. Nos acostamos a las 3 de la madrugada. En cuatro horas nos esperaba algo… grande. 

A las 7 de la mañana nos despertaron. Nos aseamos como pudimos y… ¡¡a trabajar!! Estuvimos toda la Misa organizando a la gente, intentando mantener el orden e indicando a la gente por donde debía ir. Apenas pude enterarme de la preciosa homilía (que más tarde leí en internet), pero el momento de la consagración fue especial: todos los voluntarios nos pusimos de rodillas, apenas nadie se movía. Fue increíble. No creo que nadie más a parte de Dios pueda conseguir tanto silencio, tanto respeto y tanto amor, en un mismo lugar, tantísimas personas con “la baba caída”.

Conseguimos salir sanas y salvas de Cuatro Vientos. No tuvimos ningún problema con las fuerzas del orden. Todo fue muy organizado y tranquilo. Estábamos agotadas, pero la alegría que sentíamos de haber participado en algo tan grande y único, hacían que olvidásemos ese cansancio.

Cuando ya pensábamos que se había acabado todo, un nuevo reto nos esperaba. ¡¡Casi se nos olvida que habíamos quedado todos los voluntarios en IFEMA con el Papa!!

Sin ducharnos desde el sábado a las 5 de la mañana y ya era domingo por la tarde, después de estar dos días sudando en Cuatro Vientos, además de la lluvia y el polvo, nuestras pintas no eran las más adecuadas para quedar con el Santo Padre. Pero… ¡¡no nos daba tiempo a cambiarnos!! No importaba. Incluso pedí ayuda a mi querido Juan Pablo II para poder entrar, pues en un principio en mi acreditación no tenía el número 11 con el que se podía pasar. Me encontré una estampita suya (¿casualidad? no creo...), la apreté fuerte entre mis manos y le pedí a él y a mi ángel de la guarda, con una lágrima a punto de resbalar por mi mejilla, el poder entrar y estar cerca del Papa. ¡¡ Y conseguí  “colarme” !!
 
El Papa pasó a un metro nuestro, lo recibimos con un baile, le cantamos y le gritamos… estábamos pletóricos aun habiendo dormido 7 horas en dos días! Aquello fue inmenso. Hubo momentos de risas  y aplausos (cuando el Papa se equivocó al leer), “momentos lagrimilla” (cuando dio las gracias a nuestras familias por comprendernos y hacer posible que estuviéramos allí, a su lado; cuando nos agradeció nuestro tiempo y dedicación, pues en vez de estar trabajando podríamos haber estado con nuestros amigos…). Momentos para recordar siempre.

Si pudiera volver a elegir si ir o no a la JMJ, diría firmemente: Sí quiero, sí voy. Si tenéis la oportunidad de ir en 2013 a Brasil, os invito y animo a que no os lo penséis dos veces. Es algo único compartir tu fe, aquello que te mueve con dos millones de personas de tu misma edad. Ir a la JMJ no es como ir un domingo a Misa, donde la mayoría de las personas que ves son mayores de 60 años. Ir a la JMJ es un impulso grandísimo como cristiano, vengas de donde vengas y tengas la edad que tengas. No estamos solos, nos apoyamos los unos a los otros, nos apoya el Papa, nos apoyan los sacerdotes y religiosas… ¡NOS APOYA DIOS! Miles de chicos y chicas de mi edad, estaban allí por la misma razón que yo. Todos remábamos en una misma dirección, y además, tenemos al mejor Capitán.

He conocido a un montón de gente de un montón de países. He crecido como persona- pues de estatura no creo que crezca mucho más-.

Me quedo con dos conclusiones de estos días en Madrid. Primero, no os rindáis NUNCA. Con la ayuda de Dios nada nos falta. No tengáis miedo. Y, segundo: Dios siempre te da todo lo que pides, pero no pidáis que la Cruz sea pequeña, sino fuerza en los hombros para soportarla. Le pedí agua y llegó, le pedí fuerza para superar el miedo que me daba tener que atender a tanta gente enferma, y me la dio; le pedí poder entrar en la tertulia de voluntarios y… me lo concedió. Dad siempre gracias por todo lo que tenéis y cuando se me olvide a mí, recordadme que lo haga. 

Espero que os guste mi testimonio, aunque es un poco largo pero son muchos días, muchas emociones que transmitiros. 
Ah! y rezad por el Papa, que eso fue lo que nos dijo a los voluntarios. Él reza por todos y cada uno de nosotros, y ofrecerá un sacrificio (como ya hacía el beato Juan Pablo II) por cada peregrino y voluntario de la JMJ"
Esperanza López

11 Comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias Esperanza por tu testimonio. Me ha encantado, y gracias por tener a jóvenes cristianas como tú en nuestra ciudad

JMJ dijo...

que recuerdos al leer este testimonio, la JMJ es una experiencia de fe y de vida. gracias

Anónimo dijo...

patético.... jajaja no me hagas reir, es un testimonio vivo de una joven con más valores que tú. Esperanza, no hagas caso de este tío/tía, es un amargao/a

Anónimo dijo...

Estas hablando de valores cuando la visita del papa cuesta 40 millones de euros, que ¿a donde van destinados? a erradicar la pobreza seguro que no, al papa nunca lo veras pasando hambre vive en riqueza mientras que mucha gente se esta muriendo por no tener para comer si tantos valores tiene la iglesia por que no reparte sus bienes para ayudar a los mas desfavorecidos. Por que me llamas "amargao" si vosotros no podeis insultar?

Anónimo dijo...

ya está el de siempre, te digo varias cosas: el 70% de la ayuda humanitaria en áfrica la realiza la Iglesia,... los 50 millones del la visita la han conteado los peregrino (70%) y el 30% restante donaciones y patrocinadores... la riqueza, demagobia barata, por la misma regla de tres ¿por qué no vende el gobierno el museo del prado para paliar el paro de España? Venga dejate de tontería y habla con propiedad. Y por cierto, amargao no es un insulto es una descripción. Suerte y opina en otros lugares como publico.es o el pais que ahí tienes tus palmeros.

Anónimo dijo...

jajaj.. siempre la misma hostoria y los mismos reproches... de esos supuestos 40 millones de euros si q se ha paliado mucha hambre, mucha hambre de Fe!! q tmb hace mucha falta, auqn siempre quedan opiniones para todo lo unico q te digo q te informes y hables con prioridad asi siempre podras ir con la cabeza bien alta como vamos los cristianos!!

Anónimo dijo...

La fé no es más que miedo disfrazado de virtud !!

xxx dijo...

Para tu información, ateo inculto, fe no lleva tílde... so tonto

Anónimo dijo...

Espeeeeeeeeee:))
Te queremooos:)
llevas mi pulsera de muelle amarilla, soy yoooooooo:)

Anónimo dijo...

Aaaaaah!!! jajaja. Claro que llevo tu pulsera!!! Jamás olvidaré la JMJ junto a vosotras. Qué grandes soooois!!! :)

Esperanza.

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