sábado, 13 de agosto de 2016

Santa María La Mayor de Huéscar con otros ojos por Jesús Daniel Lagua

1. EL VALOR SIMBÓLICO DE LA IGLESIA DE SANTA MARÍA. 

La iglesia de Santa María es con diferencia el mayor edificio de Huéscar, y su silueta destaca muy por encima de los demás desde cualquier punto. Su gran mole pétrea es la principal protagonista del paisaje oscense, y en él ejerce el papel que ostentan los castillos allí donde existen, que es el de ser vista por todos como la gran protectora del pueblo.


La Iglesia, denominada a sí misma como Santa Madre Iglesia, se muestra en la figura de nuestro templo parroquial de Santa María de la Encarnación como una madre dispuesta siempre a acoger en su seno a todo el pueblo. De hecho, en el pasado iglesias y monasterios eran muchas veces refugio de peregrinos, transeúntes, viajeros e incluso criminales y ladrones que huían de las autoridades civiles buscando saltar las cadenas del compás de cualquier templo para evadirse de la jurisdicción civil. También servían los templos de refugio al pueblo en épocas de guerra, conflicto local entre linajes, rebeliones antiseñoriales, etc. Curas y monjas enseñaban a leer y escribir a los niños, escribían documentos a personas que se lo requerían, recogían a los muchísimos recién nacidos que eran dejados como expósitos, y realizaban a través de las obras pías una labor de asistencia social –la sopa boba, por ejemplo-, que sólo muy entrado el siglo XIX empezó a ser asumida parcialmente por el Estado.

En relación con el simbolismo de la Iglesia como “madre”, es muy importante mencionar su presencia en los momentos más importantes de la vida física y espiritual de las personas, sobre todo en épocas pasadas, cuando la religiosidad del pueblo era mucho mayor que en la actualidad. La Iglesia recibe en su comunidad al recién llegado al mundo mediante el bautizo; éste confirma su fe al recibir los sacramentos de la comunión, la confirmación y el matrimonio (si es el caso), y es de nuevo acogido en el momento del trance ineludible de la muerte, pues además de la asistencia espiritual, el difunto dispone de un hueco bajo el suelo del templo o en los terrenos aledaños para su sepultura. Hemos de recordar en este sentido que hasta finales del siglo XVIII los difuntos eran enterrados en el interior de iglesias, ermitas y monasterios.


2. ALGUNAS ACLARACIONES DE IMPORTANCIA.

a) El nombre exacto de la iglesia de Santa María es el de Parroquia Mayor Santa María de la Encarnación. Se trata por tanto de una iglesia parroquial y no de una colegiata. Que quede bien claro: Santa María no es una colegiata, sino una iglesia parroquial. Por qué los folletos turísticos y los indicadores urbanos recientemente colocados en las calles siguen empleando el término “colegiata” es algo que deberían responder quienes han elaborado tan errónea información y quienes han permitido su difusión e instalación. De todas formas, conviene hacer saber que uno de los acuerdos del Concordato firmado por el Reino de España y el Vaticano en 1851 supuso la supresión de todas las colegiatas a excepción de las situadas en capitales de provincia que no fuesen cabeza de diócesis.

b) La iglesia de Santa María nunca fue colegiata. Aunque fuese sede de una de las más importantes vicarías de la diócesis de Toledo, fue siempre una iglesia parroquial, y como tal es mencionada en los documentos. Las razones para negarle a nuestra iglesia de Santa María la dignidad colegial son estas:

Todos los documentos que se refieren a ella lo hacen utilizando los términos “iglesia mayor” o “iglesia parroquial”. En ningún documento parroquial, diocesano, municipal ni de otro tipo es mencionada jamás como “colegiata” o “iglesia colegial”.

Los curas que servían en Santa María son siempre mencionados como “clérigos”, “clérigos presbíteros”, “beneficiados” o “clérigos beneficiados”, no como “canónigos”, que es la denominación que corresponde a los sacerdotes que ejercen en catedrales y colegiatas. Tampoco aparece ningún “abad”, por más que haya una Casa de los Abades.

La ausencia en la plantilla musical del chantre –el encargado de dirigir el canto de coro-, pues el oficio de chantría estaba reservado a catedrales y colegiatas. En Huéscar había sochantres, que ejercían las mismas funciones del chantre, pero no había chantres.

c) La iglesia de Santa María no fue concebida para que fuese catedral. Iba a ser lo que es: una iglesia parroquial. Nunca se pensó en crear una nueva diócesis en Huéscar, que es lo que hubiese sido necesario para que Santa María fuese catedral. El problema no era ese, sino la disputa de Guadix y Toledo por este territorio y sus rentas.

d) No es cierto, como algunos creen, que a Santa María le falte altura para ser catedral. Es uno de los muchos disparates que circulan sobre la historia de Huéscar. Catedral es toda iglesia que es sede episcopal, y toma su nombre de la “cátedra”, que es la silla reservada al obispo en los divinos oficios. Las dimensiones y la belleza del edificio no tienen nada que ver con la dignidad catedralicia.

La explicación a las enormes dimensiones de la iglesia de Santa María debemos buscarla no en la erección de un templo catedralicio, sino en el deseo que la mitra toledana tenía de demostrar visualmente quién tenía el mando espiritual en Huéscar.

Que la iglesia de Santa María no sea ni haya sido nunca colegiata no significa que no haya tenido importancia. La vicaría y el arciprestazgo de Huéscar fueron de los más importantes de la Diócesis Primada, al ser un enclave lejano y aislado de Toledo entre tierras de otras mitras, y esa importancia se refleja en el valor artístico de, por ejemplo, el coro, la “Torrecilla” del Corpus Christi o los libros de canto llano.

Jesús Daniel Laguna Reche.
Licenciado en Historia.

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