domingo, 10 de abril de 2016

Artículo de Juan Antonio Díaz sobre el Evangelio y el socialismo católico

LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, LAS ENSEÑANZAS DEL EVANGELIO Y EL SOCIALISMO CATÓLICO 

La Política y la Religión son dos factores que siempre han ido de la mano, a la paz y en comunión. A priori, puede parecer extraño que estas dos palabras puedan estar estrechamente relacionadas, pero a lo largo de este artículo veremos cómo no es tan difícil. 


En la unión de la caridad y la política encontramos la caridad política, que “no se trata solo ni principalmente de suplir deficiencias de la justicia, aunque en ocasiones sea necesario hacerlo. Ni mucho menos se trata de encubrir con una supuesta caridad las injusticias de un orden establecido y asentado en profundas raíces de dominación o explotación. Se trata más bien de un compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, a favor de un mundo más justo y más fraterno, con especial atención a las necesidades de los más pobres” (CEE, 61)

El Socialismo nace aparejado al Movimiento Obrero y éste es consecuencia de los males sociales ocasionados por la Revolución Industrial, la Iglesia quiso contribuir a la solución del “problema obrero”, para lo cual desarrolló la “Doctrina Social de la Iglesia” a través de la publicación de la Encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII. (ALDUNATE, 2012, p. 2). Como dijo el Papa emérito Benedicto XVI: “El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política, la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”. (BENEDICTO XVI, 2006, pp. 239-240)

El Concilio Vaticano II, celebrado en la década de los 60, fue un punto de inflexión clave para el tema que estamos tratando (FERNÁNDEZ, 1997, p. 188). Paralelamente a este histórico evento, el Papa Juan XXIII, el Papa Bueno, publicó la Encíclica Pacem in Terris, en la que se distingue la doctrina de la práctica histórica, por consiguiente los cristianos podrían participar en partidos políticos. “El pensamiento social de la Iglesia es ante todo positivo y propositivo, orienta una acción transformadora, y en este sentido no deja de ser un signo de esperanza que brota del corazón amante de Jesucristo” (FRANCISCO, 2013, p. 92)

La corriente de “Cristianos por el socialismo”, que está extendida por el mundo entero, nació en Chile, a mediados de 1971, concretamente en el seno de aquellos sacerdotes que se mostraron abiertamente partidarios de Salvador Allende.

Entre la Rerum Novarum y los curas chilenos existió una gran actividad de sindicalismo católico obrero; por ejemplo, en España surgieron los Círculos Obreros Católicos, HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), que fue fundada en 1946 y JOC (Juventud Obrera Cristiana), que fue fundada en 1934. Hemos citado estos tres ejemplos, pero podríamos citar muchos más, quizás éstos sean los más significativos en España.

En una ocasión, oí decir a uno de mis grandes maestros, que en los pueblos la religiosidad y devoción habitaba en los corazones de sus vecinos de un modo más profundo y sincero. Yo pienso también que esta afirmación es cierta. No obstante, como en todos los lugares, la crisis económica está afectando a la vida de los vecinos. Sin embargo, no sólo estamos padeciendo una crisis económica, sino que también nuestros valores humanos y, porque no decirlo, religiosos, están también sufriendo una crisis, en cierta medida.

Esta situación que acabo de describir, muy sucinta y brevemente, es la que me ha hecho realizar un alto en mi actividad diaria y sentarme unas cuantas horas a reflexionar sobre la misma. Obviamente, no voy a dar la “receta” para salir de la crisis, yo no sabría hacer semejante cosa, pero sí creo firmemente que la sociedad actual, que por naturaleza es política y religiosa, y en la que yo me incluyo, puede y debe salir de la crisis. Para ello, necesitamos a la política, porque es una de las herramientas fundamentales para dar solución a esta terrible situación que está afectando a tantos y tantos hogares españoles. Pero fundamentalmente, necesitamos a Dios, y a Él llegamos a través de la Iglesia. Todos los hombres conformamos el Pueblo de Dios, por consiguiente, todos somos Iglesia. Toda persona de buena voluntad quiere y pretende lo mejor para todos, por ello, la política se ha de guiar por el “amor público” que defendía Jovellanos (LARA, 2011, p. 69) y por las enseñanzas del Evangelio. “La política, tan denigrada es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad porque busca el bien común”. (PÍO XI, 1927)

La Iglesia en este país −y en el mundo entero−, realiza una inconmensurable labor social y espiritual. Sin ésta, a los países subdesarrollados, en vías de desarrollo o desarrollados que están sufriendo los nefastos efectos de la crisis, todavía les y nos iría peor. Por consiguiente, pienso que es fundamental que los católicos tengamos conciencia política y estemos implicados en ella, cada cual desde su punto de vista o desde su ideología, todas perfectamente respetables. Sin embargo, cuando las enseñanzas y mensajes del Evangelio están presentes en la política, ésta ayuda al pueblo, porque la política se hizo para servir al pueblo, no el pueblo a la política, y los políticos han de ser servidores públicos, no servirse de la política. En palabras de Jesús de Nazaret: “…el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir…” (Mt 20, 28). Esta enseñanza que Dios nos da a través del Evangelio de San Mateo, es una máxima que debe de tener toda persona que se dedique a la política: servir y no ser servido. 

Todavía recuerdo la homilía que un sacerdote amigo mío nos regaló con motivo de las fiestas co-patronales de mi pueblo, en ella se hablaba de los jóvenes, la sociedad y la política. Recuerdo perfectamente que en ella dijo: “es bueno que los jóvenes se interesen por la política, ésta es necesaria para la vida de las personas en comunidad social, es decir, en sociedad”. Y esta afirmación es cierta, muy cierta. 

Me gustaría concluir este artículo con la reiteración de la siguiente idea: la política es necesaria para el buen funcionamiento de la sociedad y si esta política se hace en comunión con Dios, a través de las enseñanzas del Evangelio, estoy completamente seguro que perfectamente cumplirá su función de servicio al pueblo. Por ello, no entiendo, ni puedo llegar a entender, el porqué algunos de los actuales partidos políticos españoles están atacando viscerálmente a la Iglesia Católica. No tiene ningún sentido reabrir viejos debates que en nuestro país están más que superados y que, gracias a Dios, en la Transición quedaron consensuados y zanjados. Desde estas líneas quiero hacer un llamamiento a los máximos dirigentes políticos de España, por favor, céntrense en lo que realmente es importante: salir de la crisis, recuperación económica, mejora de la educación y de la sanidad, y no creen cortinas de humo que pretendan desviar la atención del pueblo. Dignifiquen la política con nobleza y honradez, con buenas actuaciones y loables medidas, y hagan que los españoles nos sintamos orgullosos de ella. 

*Bibliografía:
ALDUNATE, J., “Los cristianos por el socialismo”, 2012, ideologiesandliterature.org
BENEDICTO XVI, Carta enc. Deus caritas est, Roma, 2006.
CEE, “Los católicos en la vida pública”, 61.
FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, D., “Cristianos por el Socialismo en Chile (1971-1973). Aproximación a través del testimonio oral”, Studia Zamorensia, Segunda etapa, vol. IV, 1997, pp. 187-202.
FRANCISCO, Exhortación apos., Evangelli Gaudium, Roma, 2013.
JUAN XXIII, Carta enc. Pacem in Terris, Roma, 1963.
LARA NIETO, M. C., “Jovellanos o el amor público”, IDEAL, 27-XI-2011, p. 69.
LEÓN XIII, Carta enc. Rerum Novarum, Roma, 1891.
PANIAGUA, J., Anarquistas y Socialistas, Madrid, Ed. Historia 16, 1999.
PÍO XI, Mensaje, Roma, 1927.





2 Comentarios:

José Ramón Noguera Soria. dijo...

Un artículo documentado que aúna rigor y síntesis. Enhorabuena al autor.


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