miércoles, 2 de marzo de 2016

Las parroquias de Darro y Diezma peregrinan a Moclín y a Chauchina

El día 29 de febrero de 2016 las parroquias de Darro y Diezma peregrinaron a Moclín y a Chauchina para visitar al Santísimo Cristo del Paño y a la Santísima Virgen del Espino, compartiendo un día de convivencia en el que han participado familias, matrimonios y personas mayores. El párroco Pablo Rodríguez con cuenta las crónica de esta peregrinación: 


"A las once de la mañana nos recibió el párroco de La Encarnación de Moclín, D. Francisco Fernández Román, mientras los fieles dirigían sus primeras oraciones ante el lienzo que representa a Jesús cargando con la Cruz y apoyando su mano izquierda sobre el tocón seco de un árbol.

D. Francisco, a quien quedamos sumamente agradecidos por su acogida y atenciones, nos explicó brevemente la historia del pueblo y del Santuario, la llegada del lienzo a Moclín, los distintos avatares sufridos por la imagen, y los orígenes de la profunda devoción que este Cristo, con su enigmática mirada que a nadie deja indiferente, despierta no sólo en Granada, en su Vega y en sus Montes, sino en tantos otros lugares. De hecho, no son pocos los feligreses de Darro y Diezma que ya alguna vez han peregrinado a este santuario, o que guardan devotamente alguna estampa del Señor del Paño; y probablemente muchos de nuestros diocesanos de Guadix sean también devotos de esta sagrada imagen.

Parece ser que el lienzo fue enarbolado por los Reyes Católicos en el pueblo de Moclín tras la conquista de la localidad. Cuando la reconquista avanzó y tomaron Santa Fe quisieron dejarlo en el lugar. Entre la historia y la leyenda se cuenta aún hoy el episodio de un sacristán de la iglesia que, estando ciego por las cataratas (el llamado "mal del paño", por las telas que se suponía impedían la visión de los ojos, y por el paño con que los afectados cubrían su rostro para protegerse de ser deslumbrados por la luz del sol), se lamentó ante el lienzo por no poder ver el rostro del Nazareno, momento en el que quedó milagrosamente curado. Desde entonces la devoción al Señor del Paño no hizo más que extenderse por toda la comarca.

Después del recibimiento celebramos la Eucaristía en la que rezamos de forma especial por el papa Francisco, por su persona y por sus intenciones en su preocupación por todas las iglesias, cumpliendo así tres de las condiciones necesarias para ganar la indulgencia ofrecida por la Iglesia en este Año de la Misericordia, pues el Sr. Arzobispo de Granada ha declarado el Santuario de Moclín templo jubilar. Rezamos, además, por los difuntos, para que también a ellos alcancen las gracias jubilares.

A continuación pudimos visitar las ruinas del castillo acompañados por las explicaciones de Vanesa, agente del Centro de Interpretación Comarcal. Las vistas desde esta fortificación nazarí, cuyos elementos más antiguos se remontan al siglo XI, y que está enclavada en la cumbre de una escarpada peña de calizas y dolomías jurásico-cretácicas, son realmente excepcionales: desde ella se domina toda la Vega de Granada y las tierras de olivar que dan por el norte a Alcalá la Real. Con razón se trata de un lugar estratégico de máxima categoría, que por lo mismo ha sido plaza siempre disputada en todas las contiendas, frontera en su día del Reino de Granada, y frente en la Guerra Civil española.

Fueron, sin duda, muchas las promesas que se cumplieron esa mañana, y muchas las oraciones que se elevaron al Cielo desde las cumbres de Moclín. Pero fueron seguro muchas más las gracias derramadas por Dios Padre sobre sus fieles a través de la mirada del Señor del Paño.

Tras un suculento almuerzo compartido en el bar de la plaza de Moclín, abandonamos el pueblo por la carretera que baja a Tiena, una ruta que ofrece la bella estampa del recinto amurallado, la iglesia encalada en su interior, y el pueblo de Moclín derramado a sus pies por la ladera. Proseguimos, bajando hacia el extremo occidental de la Vega de Granada, hasta llegar a Chauchina para visitar el monasterio de las Madres Franciscanas Capuchinas, donde se venera la sagrada imagen de la Virgen del Espino.

Cuenta la tradición que una misteriosa mujer vestida de negro se apareció el 9 de Abril de 1906, Lunes Santo, junto a unas ramas de espino, a una pobre anciana llamada Rosario Granados Martín, que padecía desde mucho tiempo atrás en su pierna unas heridas que no se curaban. Esa mujer desconocida la llevó al cementerio, a las afueras de la población, con la promesa de sanar sus úlceras -como así ocurrió- despertando la admiración de cuantos veían a la impedida viejecita caminar con una agilidad impropia de su estado, como guiada por una mano invisible. Cuando Rosario volvió curada al pueblo contó a todos lo ocurrido. El mismo párroco de Chauchina, a la sazón D. Francisco Casto Izquierdo, le tomó declaración y recogió en un acta el testimonio de la anciana.

Inmediatamente el pueblo cristiano de Chauchina, guiado por el sentido de la fe, vio en esa misteriosa mujer a la Santísima Virgen María, bajo su advocación de Madre Dolorosa, y la llamó Virgen del Espino o, popularmente, "Virgen del Pincho", por haberse aparecido a Rosario junto a unas ramas espinosas. La Iglesia confirmó esta intuición del pueblo cristiano ya en 1925, cuando el Cardenal D. Vicente Casanova Marzol, arzobispo de Granada, inauguró el monasterio de Chauchina en el que las monjas capuchinas adoran al Santísimo Sacramento, según el deseo que la Virgen expresó a Rosario; y en tiempos mucho más recientes, con la coronación canónica de la imagen de la Virgen del Espino el 9 de Septiembre de 2006.

Agradecemos a la comunidad de monjas capuchinas que nos acogieron esa tarde la apertura del camarín, tras impartir la bendición con el Santísimo, para saludar muy de cerca a la Virgen. Fueron muchos los devotos que besaron y tocaron su manto, como es propio de una fe católica que accede a las realidades espirituales a través de las mediaciones materiales, y a los misterios del Cielo a partir de las bondades y bellezas de este mundo, de las cosas buenas que Dios nos ofrece en esta vida.

Finalmente pudimos disfrutar de una merienda en el patio de acceso al monasterio con los deliciosos dulces que las monjas, expertas reposteras, elaboran, culminando así un intenso día de convivencia, de fe y de devoción. En dicho patio se pueden contemplar unos azulejos que narran con texto e imágenes la historia de la aparición de la Virgen a Rosario.

La idea de este viaje surgió de una sugerencia espontánea de los fieles de Darro, a quienes gusta mucho viajar juntos, aun sin tener claro el destino; la extensión de la invitación a Diezma era algo natural. Y se me ocurrió programar este viaje breve, de ida y vuelta en el mismo día, a unos lugares que, a título personal, me hablan mucho de mi infancia, pues mi abuela materna era de Moclín, y, como todas las abuelas, me contaba de niño muchas historias de su pueblo, del castillo, de la iglesia y del Señor del Paño; y yo mismo renazco por mis padres de la Vega de Granada. De este modo, para mí ha sido una forma de volver a mis raíces junto a mis feligreses de Darro y Diezma. Ellos, además, han disfrutado mucho de las vivencias humanas y religiosas de este día -así me lo han dicho-, y yo también con ellos".

Pablo Rodríguez Cantos,
párroco de Darro y Diezma


















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