jueves, 6 de agosto de 2015

Testimonio y experiencia de Rafael Tenonio, capellán del Hospital de Baza

La Iglesia que, a ejemplo de Cristo, siempre ha sentido el deber del servicio de los enfermos y los que sufren como parte integrante de su misión, es consciente de que en la aceptación amorosa y generosa de toda vida humana, sobre todo si es débil o enferma, la Iglesia vive hoy un momento fundamental de su misión. 

Y no deja de subrayar el carácter salvífico del ofrecimiento del sacrificio que, vivido en comunión con Cristo, pertenece a la esencia misma de la redención”.


Con estas palabras dirigidas por Juan Pablo II en la campaña Mundial del enfermo que se hace todos los años por febrero y mayo, quisiera resumir o exponer que la presencia del sacerdote es fundamental para poder dar esa visión positiva del sufrimiento, y a su vez distribuir el sacramento de la unción de enfermos, que no es una un sacramento para muertos sino un sacramentos para vivos, pues ayuda a recibir la gracia suficiente para afrontar la enfermedad, fortaleciendo nuestro espíritu y cuerpo. Por eso es muy importante la figura del sacerdote en los hospitales, y la concienciación de los enfermos de avisar al sacerdote para que éste pueda llevar un seguimiento del enfermo en su carácter espiritual.

Jesús ha mostrado una particular predilección por los enfermos. Él no sólo ha enviado a sus discípulos a curar las heridas, sino que también ha instituido para ellos un sacramento específico: la unción de los enfermos. Podemos irnos a la carta de Santiago que atestigua la presencia de este gesto sacramental ya en la primera comunidad cristiana: “con la unción de los enfermos, acompañada con la oración de los presbíteros, toda la Iglesia encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado, para que les alivie sus penas y los salve; es más, les exhorta a unirse espiritualmente a la pasión y a la muerte de Cristo, para contribuir, de este modo, al bien del Pueblo de Dios”.

Como capellán del Hospital Comarcal de Baza en estos más dos años que llevo, puedo decir que siempre voy aprendiendo y descubriendo en los enfermos una variedad de encuentros, que vivo cada día, donde podría delinear un mosaico de papeles, cada uno de los cuales tiene un espacio o un propio tiempo en la relación con el enfermo, porque cada enfermo es uno distinto, con su historia y su vida.

No estoy allí para anunciarme a mí mismo, sino a Alguien o algo más grande de sí. También para el enfermo la presencia y la visita del capellán recuerda una realidad más amplia ligada a Dios, a la Iglesia, a los valores del cristianismo. La escucha del otro, es importantísima que se expresa en la acogida de sus reacciones y preocupaciones, de sus pensamientos y sentimientos. El que sufre tiene la exigencia de dar voz al propio dolor sin sentirse juzgado, culpable o disminuido por lo que prueba. Tiene necesidad de comprensión y no de consejos fáciles, de respeto no de piedad. Por eso creo cada vez más que los capellanes de Hospital, desempeñar una preciosa acción de animación en la enfermedad, no sólo al enfermo sino también a sus familiares que conviven con la enfermedad.

No quiero terminar sin destacar que la acción pastoral no es patrimonio exclusivo de los sacerdotes, sino responsabilidad de toda la comunidad cristiana; unido al sufrimiento propio de la enfermedad, en Cáritas también se trabaja con un programa específico para atender a los más necesitados, y en este campo de la Salud, también se hace presente. Ejemplos de implicación con Caritas podemos poner muchos; pero voy a destacar algunos como por ejemplo la ayuda en la Lactancia Artificial que se proporciona desde el Hospital a Caritas, colaboración por parte  del personal sanitario en la recogida de alimentos, ropa, donativos…etc.; la donación de material como estanterías, mesas, mantas, camas articuladles y sobre todo, cuando se conoce la situación precaria de alguna persona necesitada que va al hospital, contactamos con los trabajadores sociales.

Rafael Tenorio Olea
Capellán Hospital Comarcal de Baza

1 Comentarios:

Anónimo dijo...

Qué gran sacerdote es don Rafael. Espero que esté muchos años en Baza


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